Posted by: frburke23 | May 30, 2013

Thought for May 31 – the Visitation

Luke 1:39-56

Mary set out
and traveled to the hill country in haste
to a town of Judah,
where she entered the house of Zechariah
and greeted Elizabeth.
When Elizabeth heard Mary’s greeting,
the infant leaped in her womb,
and Elizabeth, filled with the Holy Spirit,
cried out in a loud voice and said,
“Most blessed are you among women,
and blessed is the fruit of your womb.
And how does this happen to me,
that the mother of my Lord should come to me?
For at the moment the sound of your greeting reached my ears,
the infant in my womb leaped for joy.
Blessed are you who believed
that what was spoken to you by the Lord
would be fulfilled.”

And Mary said:
“My soul proclaims the greatness of the Lord;
my spirit rejoices in God my Savior,
for he has looked with favor on his lowly servant.
From this day all generations will call me blessed:
the Almighty has done great things for me,
and holy is his Name.

He has mercy on those who fear him
in every generation.
He has shown the strength of his arm,
he has scattered the proud in their conceit.
He has cast down the mighty from their thrones,
and has lifted up the lowly.
He has filled the hungry with good things,
and the rich he has sent away empty.
He has come to the help of his servant Israel
for he has remembered his promise of mercy,
the promise he made to our fathers,
to Abraham and his children for ever.”

Mary remained with her about three months
and then returned to her home.

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Imagine you were present that day when Mary arrived to visit her cousin Elizabeth.  What do you hear?  What do you see?  What do you feel?  As I prayed with this Scripture tonight while here in Rockford (we are doing Totus Tuus training at Bishop Lane Retreat Center), I was struck about the activity of Mary, Elizabeth and John, while Jesus remained silent.

Mary has just received the greatest gift a human being has ever received – the Son of God in her womb.  She could have thought pretty highly of herself and kept this gift to herself.  We often see this when people receive gifts, right?  Some people tend to hoard the gift as theirs alone.  We see this especially with children on Christmas day.  Many have a very hard time sharing their toys with brothers and sisters.  We sometimes act like selfish children with our gifts.

But Mary has the proper response to the gift – she shared the Gift.  It was not an easy trip to travel the hill country to Judah, but she wanted to share the gift and care for her cousin Elizabeth.  Mary was always thinking of others first before herself.  That is LOVE – wanting the best for the other person without expecting anything in return.

She went to visit her cousin Elizabeth, who herself had conceived a miracle baby – John the Baptist.  Both Elizabeth and her baby John (still in the womb) recognized the presence of Jesus right away.  John leaped for joy in his mother’s womb.  John would be the forerunner for his cousin Jesus, a voice crying out in the wilderness, “Prepare the way of the Lord!”

Elizabeth’s words show her recognition right away.  She says the words that have become part of the “Hail Mary” – “Most blessed are you among women, and blessed is the fruit of your womb.”  And she calls Mary “the mother of my Lord”.  Immediately she senses the presence of God in the womb of her cousin!  Wow!  Do we have that sensitivity of the presence of God around us, in each person, in the Eucharist?

Benedictines bow toward one another in the liturgy as a sign of recognizing the Holy Spirit in one another.  Do I recognize the presence of Jesus in others?

Mary then “proclaims the greatness of the Lord”.  She could have bragged to Elizabeth about how she was the chosen one.  Yet in humility Mary gave the glory to the Father.  How do we respond when we have been blessed with a great gift?  Pride?  Humility?  Can I say with every gift, “My soul proclaims the greatness of the Lord?”

Finally, I am struck by the silent presence of Jesus.  Even though He isn’t “doing” anything in the Scripture passage, His presence is impacting everyone else around Him.  This is so true today, right?  We may wonder at times where the Lord is.  We sometimes want to see Him perform miracles or manifest Himself in some great way.  Yet, He remains silent, apparently doing nothing.  Yet, His presence is sanctifying all those people who seek Him and recognize Him in the silence – in the Eucharist, in the hearts of believers, in the Word of God.

Do you see Him? 

Do you sense Him? 

Can you trust that the Lord is at work in my life and the world today?

Have a blessed day!
Fr. Burke

https://frburke23.wordpress.com

Here is the Spanish translation:

Lucas 1:39-56

María partió
y viajo a la región montañosa de prisa
a una ciudad de Judá;
donde entró en casa de Zacarías
y saludó a Isabel.
Cuando Isabel oyó el saludo de María,
saltó la criatura en su vientre,
e Isabel, llena del Espíritu Santo,
clamado a gran voz, y dijo:
“¡Bendita tú entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre.
Y ¿cómo me sucede esto a mí,
que la madre de mi Señor venga a mí?
Porque en el momento en que la voz de tu saludo llegó a mis oídos,
el niño en mi vientre saltó de gozo.
Bendita eres tú que creíste
que lo que te fue dicho de parte del Señor
se cumpliría”.
Y María dijo:

“Mi alma proclama la grandeza del Señor;
mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
porque ha mirado con fervor su humilde siervo.
Desde el día de hoy todas las generaciones me llamarán bienaventurada:
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí,
y santo es su Nombre.
Su misericordia llega a sus fieles
en cada generación.
Él  ha mostrado la fuerza de su brazo;
dispersa a los soberbios de corazón.
Derribó a los potentados de sus tronos,
y ha levantado a los humildes.
Él ha llenado a los hambrientos de cosas buenas,
y a los ricos los despide vacíos.
Él ha venido en ayuda de su siervo Israel
porque se acordó de su promesa de misericordia,
la promesa que le hizo a nuestros padres,
a Abrahán y su descendencia por siempre”.
María permaneció con ella unos tres meses
y luego regresó a su casa.

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Imagínate que tú estuvieras presente ese día cuando María llegó a visitar a su prima Isabel. ¿Qué escuchas? ¿Qué ves? ¿Qué sientes? Al orar con esta Escritura de esta noche, mientras estoy aquí en Rockford (estamos haciendo entrenamiento de Totus Tuus en Bishop Lane Retreat Center), me llamó la atención acerca de la actividad de María, Isabel y Juan, mientras que Jesús permaneció en silencio.

María acaba de recibir el regalo más grande que un ser humano jamás recibió – el Hijo de Dios en su vientre. Pudo haber pensado muy alto sobre ella y mantener este regalo para sí misma. A menudo vemos esto cuando las personas reciben regalos, ¿no? Algunas personas tienden a acaparar un regalo sólo para ellos. Vemos esto en especial con los niños el día de Navidad. Muchos tienen un tiempo muy difícil para compartir sus juguetes con los hermanos y hermanas. A veces nos comportamos como niños egoístas con nuestros regalos.

Pero María tiene la respuesta adecuada al regalo – compartió el regalo. No fue un viaje fácil de viajar por el país de la colina a Judá, pero quería compartir el regalo y cuidar de su prima Isabel. María estaba siempre pensando en los demás antes de sí misma. Eso es AMOR –  querer lo mejor para la otra persona sin esperar nada a cambio.

Ella fue a visitar a su prima Isabel, quien ella misma había concebido un bebé de milagro – Juan el Bautista. Tanto Isabel y su hijo Juan (todavía en el vientre) reconocieron la presencia de Jesús en seguida. Juan saltó de alegría en el vientre de su madre. Juan sería el precursor de su primo Jesús, una voz que clama en el desierto: “¡Preparen el camino del Señor!”

Las palabras de Isabel muestran su reconocimiento de inmediato. Ella dice las palabras que han pasado a formar parte del “Ave María”Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.” Y le llama a María la madre de mi Señor”. ¡Inmediatamente percibe la presencia de Dios en el vientre de su prima! ¡Wow! ¿Tenemos la sensibilidad de la presencia de Dios a nuestro alrededor, en cada persona, en la Eucaristía?

Benedictinos inclinan el uno hacia el otro en la liturgia como signo de reconocimiento del Espíritu Santo en el otro. ¿Reconozco la presencia de Jesús en los demás?

Entonces María, “proclama la grandeza del Señor”. Ella pudo haber jactado a Isabel sobre cómo ella era la elegida. Sin embargo, en la humildad María dio la gloria al Padre. ¿Cómo respondemos cuando hemos sido bendecidos con un gran regalo? ¿Orgullo? ¿Humildad? Puedo decir con cada regalo, “Proclama mi alma la grandeza del Señor?”

Por último, me llama la atención la presencia silenciosa de Jesús. A pesar de que él no está “haciendo” nada en el pasaje de las Escrituras, su presencia está impactando a todo el mundo alrededor de él. Esto es tan cierto hoy en día, ¿verdad? Podemos preguntarnos en momentos donde está el Señor. A veces queremos verlo hacer milagros o manifestarse en una gran forma. Sin embargo, permanece en silencio, aparentemente sin hacer nada. Sin embargo, su presencia está santificando todas aquellas personas que lo buscan y lo reconocen en el silencio – en la Eucaristía, en los corazones de los creyentes, en la Palabra de Dios.

¿Lo ves?
¿Lo sientes?
¿Puedes confiar en que el Señor está obrando en tu vida y el mundo de hoy?

¡Tengan un día bendecido!

Fr. Burke

https://frburke23.wordpress.com


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