Posted by: frburke23 | September 19, 2013

Thought for Thursday, 24th Week in Ordinary Time

Luke 7:36-50

A certain Pharisee invited Jesus to dine with him,
and he entered the Pharisee’s house and reclined at table.
Now there was a sinful woman in the city
who learned that he was at table in the house of the Pharisee.
Bringing an alabaster flask of ointment,
she stood behind him at his feet weeping
and began to bathe his feet with her tears.
Then she wiped them with her hair,
kissed them, and anointed them with the ointment.
When the Pharisee who had invited him saw this he said to himself,
“If this man were a prophet,
he would know who and what sort of woman this is who is touching him,
that she is a sinner.”
Jesus said to him in reply,
“Simon, I have something to say to you.”
“Tell me, teacher,” he said.
“Two people were in debt to a certain creditor;
one owed five hundred days’ wages and the other owed fifty.
Since they were unable to repay the debt, he forgave it for both.
Which of them will love him more?”
Simon said in reply,
“The one, I suppose, whose larger debt was forgiven.”
He said to him, “You have judged rightly.”
Then he turned to the woman and said to Simon,
“Do you see this woman?
When I entered your house, you did not give me water for my feet,
but she has bathed them with her tears
and wiped them with her hair.
You did not give me a kiss,
but she has not ceased kissing my feet since the time I entered.
You did not anoint my head with oil,
but she anointed my feet with ointment.
So I tell you, her many sins have been forgiven;
hence, she has shown great love.
But the one to whom little is forgiven, loves little.”
He said to her, “Your sins are forgiven.”
The others at table said to themselves,
“Who is this who even forgives sins?”
But he said to the woman,
“Your faith has saved you; go in peace.”
_________________________________________________________

Jesus often taught in parables and stories because many did not understand his examples or direct teachings.  This woman who was known as a great sinner came to Jesus to seek forgiveness.  She showed Him great love by anointing his feet with oil.  The Pharisee, who was probably well known in society, could not believe that Jesus allowed this sinful woman to even touch Him.

So Jesus went into teaching mode with the parable of the creditor who forgave the debts of two people who owed him money – one was a huge debt, the other much smaller.  “Who will love him more?”  Jesus asks.  Of course, the person who owed more money would love the creditor more because of the huge debt that was forgiven.

Jesus then points out how the Pharisee, a sinner himself, did not really show Jesus the love and kindness like this woman.  He probably felt self-righteous.  He would not humble himself before Jesus even though he was a sinner too. 

Do we do the same thing?  Does our pride get in the way of seeking forgiveness from Jesus?  Do we judge the sinfulness of others and thank God that we are not like them?  Do we compare ourselves to others and get complacent because we are not “that bad”?  Do we refuse to recognize the plank in our eye while pointing out the splinter in our neighbor’s eye?

Or do we humble ourselves before the Lord begging for forgiveness when we have sinned?  Do we seek the lowest seat instead of allowing our pride to get the best of us?  Do we love much, willing to humble ourselves before God and others?

The woman in this story loved much and her sins were forgiven.  Can we follow her example?  We all have sinned and fall short of the glory of God.  Every saint, besides the Blessed Mother, was also a sinner.  They gave their lives over to Jesus Christ and their lives were never the same.   They didn’t stop being a sinner; but they were humble enough to admit their sins.  “Where sin abounds, grace abounds all the more.”  Thanks be to the mercy and grace of God, we all have a place in the Kingdom of God if we seek forgiveness!

Have a great day!
Fr. Burke

https://frburke23.wordpress.com

Here is the Spanish translation:

LUCAS 7:36-50

Un fariseo invitó a Jesús a comer con él,
y entró en casa del fariseo, se sentó a la mesa.
Ahora había una mujer pecadora en la ciudad
quien se enteró de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo.
Llevo un frasco de alabastro con perfume;
se puso detrás de él a sus pies llorando
y comenzó a bañarle los pies con sus lágrimas.
Luego se los secó con sus cabellos,
los besó y los ungió con el perfume.
Cuando el fariseo quien lo había invitado vio esto, se dijo así mismo:
“Si este hombre fuera un profeta,
sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando,
que es una pecadora”.
Jesús le respondió:
“Simón, tengo algo que decirte.”
“Dígame, maestro,” dijo.
“Dos personas que estaban en deuda a un acreedor;
uno le debía 500 denarios “y el otro le debía cincuenta.
Como no tenían para pagar la deuda, les perdonó a ambos.
¿Cuál de los dos lo amará más? ”
Simón le respondió:

“Supongo, el que le perdonó la deuda más grande”.
Él le dijo: “Has juzgado bien”.
Luego se volvió hacia la mujer y dijo a Simón:
“¿Ves a esta mujer?
Cuando entré en tu casa, no me diste agua para mis pies,
pero ella los ha bañado con sus lágrimas
y los ha secado con sus cabellos.
Tú no me diste un beso,
pero ella no ha cesado de besar mis pies desde el momento en que entré.
Tú no ungiste mi cabeza con aceite,
pero ella me ungió los pies con perfume.
Por eso te digo que sus muchos pecados le son perdonados;
por lo tanto, porque ha demostrado gran amor.
Pero a quien poco se le perdona, poco ama”.
Él le dijo a ella: “Tus pecados te son perdonados.”
Los otros en la mesa dijeron a sí mismos,
“¿Quién es éste, que también perdona pecados?”
Pero él dijo a la mujer:
“Tu fe te ha salvado, vete en paz.”

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Muchas veces Jesús enseñó en parábolas e historias porque muchos no entendían sus ejemplos y enseñanzas directas. Esta mujer, que era conocida como una gran pecadora, se acercó a Jesús para pedir perdón. Ella le mostró un gran amor al ungir sus pies con aceite. El fariseo, que era probablemente bien conocido en la sociedad, no podía creer que Jesús permitió que esta mujer pecadora siquiera lo tocara.

Así que Jesús entró en el modo de enseñanza con la parábola del acreedor que perdonó las deudas de dos personas que le debía dinero – una era una enorme deuda, la otra mucho más pequeña. “¿Quién lo amará más?” Jesús pregunta. Por supuesto, la persona que le debe más dinero amara más al acreedor debido a la enorme deuda que le fue perdonada.

Jesús, entonces, señala cómo el fariseo, un pecador a sí mismo, en realidad no mostro a Jesús el amor y la bondad como esta mujer. Probablemente se sintió autosuficiente. Él no se humilló delante de Jesús a pesar de que era un pecador también.

¿Hacemos nosotros lo mismo? ¿Se pone nuestro orgullo en el camino de la búsqueda del perdón de Jesús? ¿Juzgamos el pecado de los demás y agradecemos a Dios que no somos como ellos? ¿Nos comparamos con los demás y nos sentimos complacientes, porque no somos “tan malos”? ¿Nos negamos a reconocer la viga en nuestro ojo mientras señalamos la astilla en el ojo de nuestro prójimo?

¿O nos humillamos ante el Señor pidiendo perdón cuando hemos pecado? ¿Buscamos el asiento más bajo en lugar de permitir que nuestro orgullo obtenga lo mejor de nosotros? ¿Amamos tanto, dispuestos a humillarnos ante Dios y los demás?

La mujer en esta historia amó mucho y sus pecados fueron perdonados. ¿Podemos seguir su ejemplo? Todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios. Cada santo, además de la Santísima Madre, era también un pecador. Ellos dieron sus vidas a Jesucristo y sus vidas nunca fueron las mismas. Ellos no dejaron de ser pecadores, pero eran lo suficientemente humildes como para admitir sus pecados. “Donde abunda el pecado, la gracia abunda aún más.” ¡Gracias a la misericordia y la gracia de Dios, todos tenemos un lugar en el Reino de Dios, si buscamos el perdón!

¡Tengan un gran día!

Fr. Burke

https://frburke23.wordpress.com


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