Posted by: frburke23 | January 31, 2014

Thought for Saturday, 3rd Week in Ordinary Time

The LORD sent Nathan to David, and when he came to him,
Nathan said: “Judge this case for me!
In a certain town there were two men, one rich, the other poor.
The rich man had flocks and herds in great numbers.
But the poor man had nothing at all
except one little ewe lamb that he had bought.
He nourished her, and she grew up with him and his children.
She shared the little food he had
and drank from his cup and slept in his bosom.
She was like a daughter to him.
Now, the rich man received a visitor,
but he would not take from his own flocks and herds
to prepare a meal for the wayfarer who had come to him.
Instead he took the poor man’s ewe lamb
and made a meal of it for his visitor.”
David grew very angry with that man and said to him:
“As the LORD lives, the man who has done this merits death!
He shall restore the ewe lamb fourfold
because he has done this and has had no pity.”

Then Nathan said to David: “You are the man!
Thus says the LORD God of Israel:
‘The sword shall never depart from your house,
because you have despised me
and have taken the wife of Uriah to be your wife.’
Thus says the LORD:
‘I will bring evil upon you out of your own house.
I will take your wives while you live to see it,
and will give them to your neighbor.
He shall lie with your wives in broad daylight.
You have done this deed in secret,
but I will bring it about in the presence of all Israel,
and with the sun looking down.’”

Then David said to Nathan, “I have sinned against the LORD.”
Nathan answered David: “The LORD on his part has forgiven your sin:
you shall not die.
But since you have utterly spurned the LORD by this deed,
the child born to you must surely die.”
Then Nathan returned to his house.

The LORD struck the child that the wife of Uriah had borne to David,
and it became desperately ill.
David besought God for the child.
He kept a fast, retiring for the night
to lie on the ground clothed in sackcloth.
The elders of his house stood beside him
urging him to rise from the ground; but he would not,
nor would he take food with them.

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The Lord spoke a parable to David through the prophet Nathan.  The parable speaks of a rich man who has everything that a man could want – especially animals to kill for food.  There was also a poor man who had nothing but one lamb that was very dear to him.  When the rich man had a visitor, instead of eating one of his own lambs, he took the only lamb of the poor man and cooked it for his guest.

David grew angry as he heard the parable and cries out, “The man who has done this merits death!”  Of course, the parable was about David.  He had everything that he ever wanted, but he decided to take his neighbor’s wife Bathsheba as his own.  Then he had Uriah, Bathsheba’s husband, killed on the battlefield.

David admits his sin before the Lord and begs for the life of the child that was conceived with Bathsheba.  However, on the seventh day the child died.

The story of David should be a lesson for all of us:

1)     He was chosen by God to be a leader of the people.  We too have been chosen by God to lead His people.

2)    The Spirit of the Lord was with him and is with us as well.

3)    David knew the Commandments, which are God’s loving boundaries for us.  They are not meant to take the fun out of life – they are given to us out of love.  We too know right from wrong.  We have formed our consciences through prayer and study.

4)    However, David decided to go against God’s laws and he suffered the consequences.  There are consequences to all of our sins.  God is not waiting to punish us.  God is love.  However, if we choose to disobey God’s laws there are always consequences to our actions.

God is loving and very merciful.  God is our Father, ABBA, waiting for us with open arms.  At the same time, God loves us like our fathers.  He gives us the wonderful commandments by which we are to live.  He promises to be with us.  Jesus enlightens our minds to know the truth.  Jesus offers us grace to strengthen our will to do the good.

When we follow the Lord’s way we find peace and joy.  There still will be crosses that we have to bear.  But the Lord will never abandon us.

When we follow our own way, we lose peace and joy.  We work against the wonderful plan that God has for us.  The evil one is always tempting us to sin, to turn our backs on Jesus.  But let us pray for light, for strength, for grace to seek the truth and do the good always.

Yes, we are all sinners.  Like David we are chosen by God.  We have the beautiful gift of free will.  God says, “I lay before you life and death.”  Which will you choose?

Matthew Kelly says that every thought, word and action can lead us closer to God or away from God.  We are called to be holy.  Before you think, speak or act, ask yourself the question, “Will this bring me closer to God?”  If not, don’t think it, don’t say it, don’t do it.

If the answer is yes – think it, speak it, do it.

Peace,

Fr. Burke

Here is the Spanish translation:

SEGUNDO LIBRO DE samuel 12:1-7a, 10-17

El SEÑOR envió a Natán a David, y cuando vino a él,
Nathan dijo: “¡juzga este caso por mí!
En cierta ciudad había dos hombres, uno rico, el otro pobre.
El rico tenía ovejas, vacas en gran cantidad.
Pero el hombre pobre no tenía nada en lo absoluto
excepto una sola oveja que él había comprado.
Él la crio, y ella creció con él y sus hijos.
Ella compartió la poca comida que tenía
y bebió de su taza y dormía en su regazo.
Ella era como una hija para él.
Ahora, el hombre rico recibió un visitante,
pero él no tomo de sus propias ovejas y vacas
para preparar una comida para el caminante quien había venido a él.
En cambio, el tomó la oveja del pobre hombre
e hizo una comida para su visitante”.
David quedo muy enojado con ese hombre y le dijo a él:
“Por la vida del SEÑOR, ¡el hombre que ha hecho esto merece la muerte!
El deberá restaurar la oveja el cuádruple
porque ha hecho esto, y no ha tenido compasión”.

Entonces Natán le dijo a David: “¡Tú eres el hombre!
Así dice el SEÑOR, Dios de Israel:
‘La espada nunca deberá apartarse de tu casa,
porque me has despreciado
y has tomado la mujer de Urías para que sea tu esposa.”
Así dice el SEÑOR:
‘Yo traeré el mal sobre ti de tu misma casa.
Yo tomaré a tus mujeres, mientras vivas para verlo,
y se las daré a tu prójimo.
El se acostara con tus mujeres a plena luz del día.
Tu has hecho esta acción en secreto,
pero yo la llevare a cabo en presencia de todo Israel,
y con el sol mirando hacia abajo.”

Después David le dijo a Natán: “He pecado contra el SEÑOR.”
Natán le respondió a David: “El SEÑOR, por su parte ha perdonado tu pecado:
no morirás.
Pero ya que has rechazado totalmente al SEÑOR con esta acción,
el hijo que te ha nacido ciertamente morirá”.
Luego Natán regresó a su casa.

El SEÑOR hirió al niño que la mujer de Urías había dado a luz a David,
y el cayo gravemente enfermo.
David le rogó a Dios por el niño.
Mantuvo un ayuno, retirándose por la noche
para acostarse en el suelo vestido de cilicio.
Los ancianos de su casa estaban junto a él
incitándolo a que se levantara del suelo, pero que no lo hizo,
ni iba a tomar comida con ellos.

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El Señor habló una parábola a David a través del profeta Natán. La parábola habla sobre un hombre rico que tiene todo lo que un hombre podría desear – especialmente animales para matar por comida. Había también un hombre pobre que no tenía más que una oveja que era muy querida para él. Cuando el hombre rico tuvo un visitante, en lugar de comer una de sus propias ovejas, tomó la única oveja del hombre pobre y la cocino para su invitado.

David se enfureció al oír la parábola y grito, “¡El hombre que ha hecho esto merece la muerte!” Por supuesto, la parábola se trataba de David. El tenía todo lo que siempre quiso, pero decidió tomar la mujer de su prójimo Betsabé como suya. Luego mando matar en el campo de batalla a Urías, el esposo de Betsabé.

David admite su pecado ante el Señor y le ruega por la vida del niño que fue concebido con Betsabé. Sin embargo, el niño murió en el séptimo día.

La historia de David debería ser una lección para todos nosotros:
1) Él fue elegido por Dios para ser un líder del pueblo. Nosotros también hemos sido elegidos por Dios para guiar a su pueblo.
2) El Espíritu del Señor estaba con él y también está con nosotros.
3) David sabía los Mandamientos, los cuales son los límites del amor de Dios por nosotros. Ellos no están destinados para eliminar la diversión de la vida – se nos dan por amor. También nosotros sabemos el bien del mal. Hemos formado nuestras conciencias a través de la oración y el estudio.
4) Sin embargo, David decidió ir en contra de las leyes de Dios y sufrió las consecuencias. Hay consecuencias para todos nuestros pecados. Dios no está esperando para castigarnos. Dios es amor. Sin embargo, si optamos por desobedecer las leyes de Dios, siempre hay consecuencias a nuestras acciones.

Dios es amoroso y misericordioso. Dios es nuestro Padre, ABBA, esperándonos con los brazos abiertos. Al mismo tiempo, Dios nos quiere como nuestros padres. Él nos da los mandamientos maravillosos por los que debemos vivir. Él promete estar con nosotros. Jesús ilumina nuestras mentes para saber la verdad. Jesús nos ofrece la gracia para fortalecer nuestra voluntad de hacer el bien.

Cuando seguimos el camino del Señor, encontramos paz y alegría. Todavía habrá cruces que tenemos que cargar. Pero el Señor nunca nos abandonará.

Cuando seguimos nuestro propio camino, perdemos paz y alegría. Trabajamos en contra del plan maravilloso que Dios tiene para nosotros. El maligno siempre está tentándonos a pecar, a darle la espalda a Jesús. Pero oremos por luz, por fuerza, por la gracia de buscar la verdad y hacer siempre el bien.

Sí, todos somos pecadores. Al igual que David somos escogidos por Dios. Tenemos el hermoso regalo del libre albedrío. Dios dice: “Yo pongo ante ti la vida y la muerte.” ¿Cuál vas a elegir?

Matthew Kelly dice que cada pensamiento, palabra y acción nos puede llevar más cerca de Dios o lejos de Dios. Estamos llamados a ser santos. Antes de que pienses, hables o actúes, hazte la pregunta, “¿Esto me traerá más cerca de Dios?” Si no, no lo pienses, no lo digas, no lo hagas.

Si la respuesta es sí – piénsalo, dilo, hazlo.

Paz,

Fr. Burke


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