Posted by: frburke23 | April 29, 2015

Thought for Thursday, 4th Week of Easter

ACTS OF THE APOSTLES 13:13-25

From Paphos, Paul and his companions
set sail and arrived at Perga in Pamphylia.
But John left them and returned to Jerusalem.
They continued on from Perga and reached Antioch in Pisidia.
On the sabbath they entered into the synagogue and took their seats.
After the reading of the law and the prophets,
the synagogue officials sent word to them,
“My brothers, if one of you has a word of exhortation
for the people, please speak.”

So Paul got up, motioned with his hand, and said,
“Fellow children of Israel and you others who are God-fearing, listen.
The God of this people Israel chose our ancestors
and exalted the people during their sojourn in the land of Egypt.
With uplifted arm he led them out,
and for about forty years he put up with them in the desert.
When he had destroyed seven nations in the land of Canaan,
he gave them their land as an inheritance
at the end of about four hundred and fifty years.
After these things he provided judges up to Samuel the prophet.
Then they asked for a king.
God gave them Saul, son of Kish,
a man from the tribe of Benjamin, for forty years.
Then he removed him and raised up David as their king;
of him he testified,
I have found David, son of Jesse, a man after my own heart;
he will carry out my every wish.

From this man’s descendants God, according to his promise,
has brought to Israel a savior, Jesus.
John heralded his coming by proclaiming a baptism of repentance
to all the people of Israel;
and as John was completing his course, he would say,
‘What do you suppose that I am? I am not he.
Behold, one is coming after me;
I am not worthy to unfasten the sandals of his feet.’”

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In today’s reading from the Acts of the Apostles we get a summary of salvation history through the words of Paul.  Paul and his companions were on a missionary journey.  They were going from town to town preaching the Good News of Jesus Christ.  You can imagine their zeal for the faith to spread.

They entered the synagogue in Antioch.  Interestingly, the synagogue officials asked them if they had any words to speak to the congregation.  They must have heard about Paul in order for them to invite him to speak. 

And so Paul accepted the invitation to speak and began to walk them through salvation history.  He began recounting how God delivered the Israelites from slavery in Egypt to giving them the Promised Land.  He talked about the judges and prophets God sent them.  They asked for a king, and God gave them Saul and then David.  God had promised that a descendant of David would reign forever – and that new king was Jesus!  And John the Baptist was His herald.

You can imagine what might have been going on in the minds of the synagogue officials.  Some might have said, “Who invited this man to preach?  He is speaking blasphemy.”  Others might have been curious to hear more.  Others might have been moved by the Holy Spirit to believe immediately.  As we continue to read this week we will hear that many people followed Paul and his followers, while others got very angry and jealous.

I am inspired by Paul’s desire to share the news about Jesus without fear.  Even though we are 2000 years after this occurrence, the Lord is calling us to be bold apostles of Jesus as well.  He tells us, “Do not fear: I am with you; do not be anxious: I am your God.  I will strengthen you, I will help you, I will uphold you with my victorious right hand.”  (Isaiah 41:10)

Do I believe that Jesus is the Messiah for whom Israel had been waiting?

What keeps me from proclaiming the Good News of Jesus Christ?

Have a blessed day!
Fr. Burke

Here is the Spanish translation:

HECHOS DE LOS APÓSTOLES 13:13-25

En aquellos días, Pablo y sus compañeros se hicieron a la mar en Pafos; llegaron a Perge de Panfilia, y allí Juan Marcos los dejó y volvió a Jerusalén. Desde Perge siguieron hasta Antioquía de Pisidia, y el sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Acabada la lectura de la ley y los profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron decir: “Hermanos, si tienen alguna exhortación que hacer al pueblo, hablen”.

Entonces se levantó Pablo, y haciendo señal de silencio con la mano, les dijo:

“Israelitas y cuantos temen a Dios, escuchen: El Dios del pueblo de Israel eligió a nuestros padres, engrandeció al pueblo cuando éste vivía como forastero en Egipto y lo sacó de allí con todo su poder, lo alimentó en el desierto durante cuarenta años, aniquiló siete tribus del país de Canaán y dio el territorio de ellas en posesión a Israel por cuatrocientos cincuenta años. Posteriormente les dio jueces, hasta el tiempo del profeta Samuel.

Pidieron luego un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, que reinó cuarenta años. Después destituyó a Saúl y les dio por rey a David, de quien hizo esta alabanza: He hallado a David, hijo de Jesé, hombre según mi corazón, quien realizará todos mis designios.

Del linaje de David, conforme a la promesa, Dios hizo nacer para Israel un salvador, Jesús. Juan preparó su venida, predicando a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia, y hacia el final de su vida, Juan decía: ‘Yo no soy el que ustedes piensan. Después de mí viene uno a quien no merezco desatarle las sandalias’ ”.

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En la lectura de hoy de los Hechos de los Apóstoles obtenemos un resumen de la historia de la salvación a través de las palabras de Pablo. Pablo y sus compañeros estaban en un viaje misionero. Ellos iban de pueblo en pueblo predicando la Buena Nueva de Jesucristo. Puedes imaginar su celo por la fe para propagarla.

Entraron en la sinagoga de Antioquía. Curiosamente, los jefes de la sinagoga les preguntaron si tenían palabras para hablar a la congregación. Ellos debieron haber oído hablar de Pablo para que lo invitaran a hablar.

Y así que Pablo aceptó la invitación para hablar y comenzó a pasearlos a través de la historia de la salvación. Comenzó relatando cómo Dios liberó a los israelitas de la esclavitud de Egipto para darles la Tierra Prometida. Habló acerca de los jueces y de los profetas que Dios les envió. Ellos pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl y luego a David. Dios había prometido que un descendiente de David reinaría para siempre – ¡y ese nuevo rey era Jesús! Y Juan el Bautista era su heraldo.

Pueden imaginar lo que pudo haber estado ocurriendo en las mentes de los jefes de la sinagoga. Algunos podrían haber dicho: “¿Quién invitó a este hombre a predicar? Él está hablando blasfemia.” Otros podrían haber tenido la curiosidad de escuchar más. Otros podrían haber sido movidos por el Espíritu Santo para creer inmediatamente. A medida que continuamos leyendo esta semana escucharemos que muchas personas siguieron a Pablo y a sus seguidores, mientras que otros se pusieron muy enojados y celosos.

Me siento inspirado por el deseo de Pablo de compartir la noticia acerca de Jesús sin miedo. A pesar de que estamos a 2000 años después de este suceso, el Señor nos llama a que también seamos apóstoles audaces de Jesús. Él nos dice:“No temas: yo estoy contigo; no te angusties: yo soy tu Dios. Te fortaleceré, te ayudaré, siempre te sustentaré con mi diestra victoriosa.” (Isaías 41:10)

¿Creo que Jesús es el Mesías que Israel había estado esperando?
¿Qué me impide proclamar la Buena Nueva de Jesucristo?

¡Tengan un día bendecido!
Padre Burke


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