Posted by: frburke23 | May 12, 2015

Thought for Wednesday, 6th Week of Easter

Acts of the apostles 17:15, 22-18:1

After Paul’s escorts had taken him to Athens,
they came away with instructions for Silas and Timothy
to join him as soon as possible.

Then Paul stood up at the Areopagus and said:
“You Athenians, I see that in every respect
you are very religious.
For as I walked around looking carefully at your shrines,
I even discovered an altar inscribed, ‘To an Unknown God.’
What therefore you unknowingly worship, I proclaim to you.
The God who made the world and all that is in it,
the Lord of heaven and earth,
does not dwell in sanctuaries made by human hands,
nor is he served by human hands because he needs anything.
Rather it is he who gives to everyone life and breath and everything.
He made from one the whole human race
to dwell on the entire surface of the earth,
and he fixed the ordered seasons and the boundaries of their regions,
so that people might seek God,
even perhaps grope for him and find him,
though indeed he is not far from any one of us.
For ‘In him we live and move and have our being,’
as even some of your poets have said,
‘For we too are his offspring.’
Since therefore we are the offspring of God,
we ought not to think that the divinity is like an image
fashioned from gold, silver, or stone by human art and imagination.
God has overlooked the times of ignorance,
but now he demands that all people everywhere repent
because he has established a day on which he will ‘judge the world
with justice’ through a man he has appointed,
and he has provided confirmation for all
by raising him from the dead.”

When they heard about resurrection of the dead,
some began to scoff, but others said,
“We should like to hear you on this some other time.”
And so Paul left them.
But some did join him, and became believers.
Among them were Dionysius,
a member of the Court of the Areopagus,
a woman named Damaris, and others with them.

After this he left Athens and went to Corinth.

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I love the fact that every fiber of Paul’s being was dedicated to serving Jesus Christ.  Everything he did and said was directed to the salvation of every person he encountered.  He did not water down the message.  He told the truth and left it up to the listeners whether or not they were going to repent from their sins and come to the Lord.

Today, Paul was in the Areopagus, an area full of statues, temples and shrines.  You can imagine him touring the area much like tourists do today.  He was struck by the pagan idolatry and their shrines to numerous gods.  He was struck by one shrine to the “Unknown god”.  He told them that they were unwittingly worshipping the God of gods, the One who created the universe.  This “Unknown god” actually was Jesus.   He used this as an opportunity to preach to them about Jesus’ resurrection from the dead.  Some listened and were converted.  Some left finding his teaching impossible to embrace.

Paul tried to get them to see the power of God, the omnipresence of God and the love of God.  The person of Jesus Christ had changed world history and we would never be the same.  He was so convinced of this truth that he tirelessly traveled the ancient world seeking the salvation of souls.

Where do I spend my time and energy?

How much do I focus on sharing Christ with others and saving souls?

Do I know my faith and am I convinced of the truth of Jesus Christ?

Let us take time today to reflect on our walk with Christ and our commitment to spreading the Good News.

Peace,

Fr. Burke

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Here is the Spanish translation:

HECHOS DE LOS APOSTOLES 17:15, 22-18:1

En aquellos días, los cristianos que ayudaron a Pablo a escapar de Berea, lo llevaron hasta la ciudad de Atenas. Pablo los envió de regreso con la orden de que Silas y Timoteo fueran a reunirse con él cuanto antes.

Un día, mientras los esperaba en Atenas, Pablo sentía que la indignación se apoderaba de él, al contemplar la ciudad llena de ídolos. Entonces se presentó en el Areópago y dijo:

“Atenienses: Por lo que veo, ustedes son en extremo religiosos. Al recorrer la ciudad y contemplar sus monumentos, encontré un altar con esta inscripción: ‘Al Dios desconocido’. Pues bien, yo vengo a anunciarles a ese Dios que ustedes veneran sin conocerlo.

El Dios que hizo el mundo y todo cuanto hay en él, siendo el Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por hombres, ni es servido por mano de hombres, como si necesitara de algo o de alguien; porque él es quien da a todos la vida, el aliento y cuanto tienen.

De un solo hombre sacó todo el género humano para que habitara toda la tierra, determinó las épocas de su historia y estableció los límites de sus territorios. Dios quería que lo buscaran a él y que lo encontraran, aunque fuera a tientas, pues en realidad no está lejos de nosotros, ya que en él vivimos, nos movemos y somos. Como lo ha dicho alguno de los poetas de ustedes: ‘Somos de su mismo linaje’.

Por lo tanto, si somos linaje de Dios, no debemos pensar que Dios es como una imagen de oro, plata o mármol, labrada artísticamente por los hombres según su imaginación. Dios no tomó en cuenta la ignorancia de la gente en tiempos pasados, pues ahora quiere que todos los hombres se conviertan, porque tiene determinado un día en el cual ha de juzgar al universo con justicia, por medio de un hombre designado por él, y ha dado a todos la prueba de esto, resucitándolo de entre los muertos’’.

Al oír hablar de la resurrección de los muertos, algunos se burlaron y otros dijeron: “De esto te oiremos hablar en otra ocasión”. Entonces Pablo se retiró. Sin embargo, algunos se adhirieron a él y creyeron. Entre ellos se contaban Dionisio, el areopagita; una mujer, que se llamaba Dámaris, y algunos más. Después de esto, Pablo salió de Atenas y se fue a Corinto.

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Me encanta el hecho de que cada fibra del ser de Pablo se dedicó a servir a Jesucristo. Todo lo que hizo y dijo fue dirigido a la salvación de cada persona que encontró. No diluyó el mensaje. Él dijo la verdad y la dejó en manos de los oyentes si iban o no a arrepentirse de sus pecados y venir al Señor.

Hoy, Pablo estaba en el Areópago, una zona llena de estatuas, templos y santuarios. Puedes imaginarlo recorrer la zona al igual que los turistas hacen hoy en día. Le sorprendió la idolatría pagana y sus santuarios a numerosos dioses. Le sorprendió un santuario al “dios desconocido”. Él les dijo que estaban, sin saberlo, adorando al Dios de dioses, el que creó el universo. Este “dios desconocido” en realidad era Jesús. Él utilizó esto como una oportunidad para predicarles acerca de la resurrección de Jesús de entre los muertos. Algunos escucharon y se convirtieron. Algunos se fueron, encontrando su enseñanza imposible de aceptar.

Pablo trató de conseguir que vieran el poder de Dios, la omnipresencia de Dios y el amor de Dios. La persona de Jesucristo había cambiado la historia del mundo y nunca seríamos los mismos. Él  estaba tan convencido de esta verdad que él viajó incansablemente por el mundo antiguo buscando la salvación de las almas.

¿Dónde gasto mi tiempo y energía?
¿Cuánto me concentro en compartir a Cristo con los demás y salvar almas?
¿Conozco mi fe y estoy convencido de la verdad de Jesucristo?

Tomemos tiempo hoy para reflexionar sobre nuestro caminar con Cristo y nuestro compromiso de difundir la Buena Nueva.

Paz,
Padre Burke


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