Posted by: frburke23 | November 18, 2015

Thought for Wednesday, 33rd Week in Ordinary Time

LUKE 19:11-28
While people were listening to Jesus speak,
he proceeded to tell a parable because he was near Jerusalem
and they thought that the Kingdom of God
would appear there immediately.
So he said,
“A nobleman went off to a distant country
to obtain the kingship for himself and then to return.
He called ten of his servants and gave them ten gold coins
and told them, ‘Engage in trade with these until I return.’
His fellow citizens, however, despised him
and sent a delegation after him to announce,
‘We do not want this man to be our king.’
But when he returned after obtaining the kingship,
he had the servants called, to whom he had given the money,
to learn what they had gained by trading.
The first came forward and said,
‘Sir, your gold coin has earned ten additional ones.’
He replied, ‘Well done, good servant!
You have been faithful in this very small matter;
take charge of ten cities.’
Then the second came and reported,
‘Your gold coin, sir, has earned five more.’
And to this servant too he said,
‘You, take charge of five cities.’
Then the other servant came and said,
‘Sir, here is your gold coin;
I kept it stored away in a handkerchief,
for I was afraid of you, because you are a demanding man;
you take up what you did not lay down
and you harvest what you did not plant.’
He said to him,
‘With your own words I shall condemn you,
you wicked servant.
You knew I was a demanding man,
taking up what I did not lay down
and harvesting what I did not plant;
why did you not put my money in a bank?
Then on my return I would have collected it with interest.’
And to those standing by he said,
‘Take the gold coin from him
and give it to the servant who has ten.’
But they said to him,
‘Sir, he has ten gold coins.’
He replied, ‘I tell you,
to everyone who has, more will be given,
but from the one who has not,
even what he has will be taken away.
Now as for those enemies of mine who did not want me as their king,
bring them here and slay them before me.'”

After he had said this,
he proceeded on his journey up to Jerusalem.
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“To whom much is given, much will be expected.” Have you ever stopped to think about how blessed you really are? Sometimes it takes going to a third world country to realize how blessed we are. However, even if we are blessed with material goods, we may be poor in spirit. This is what Mother Theresa told our government officials when she addressed them several years ago.

Where do our blessings come from? Sometimes we think we deserve everything we get. We work hard. We put in our time. We deserve everything. Don’t forget that God has given you every talent, every gift that you have. There is nothing that we have that doesn’t come from God, even the desire to work hard.

So am I using these gifts and talents for the glory of God? Or are these gifts just for my selfish pleasure?

Jesus shares with us a parable today about the importance of putting to use the gifts and talents that He has blessed us with. The more we give, the more we receive in return. He is not talking about investing in the stock market; He is talking about investing in love. He is talking about gifts and talents that He has given us that are to be shared with others.

The more we give things away (love, life, talent, treasure, time), the more it is returned back to us. This doesn’t mean that we give so that we receive. True love is giving without any expectation of a return.

And giving hurts. Yes, we get burned sometimes. Sometimes our love is not returned and we get hurt. But look at Jesus. He was spurned, denied, betrayed, rejected and crucified. Yet, He continued to give His love and life away, even to the very last drop of blood. And He now sits at the right hand of the Father. The person who sat to the right of the King was always the most important. Jesus is the Way, the Truth and the Life. No one comes to the Father except through Jesus. He showed us the Way to the Father by giving Himself away in love.

Thus, we too must give and love till it hurts. The paradox in the Christian life is that we become more who God intends us to be when we give ourselves away. God wants to use us as His instruments of grace. We are to be channels of His mercy and grace to the world. But am I being a channel of grace, or does my selfishness block the plans of God?

We cannot outdo God in generosity. The more we give, the more He lavishes us with His love and grace. But He gives to us so that we continue to give it away. However, if we are stingy with our gifts and talents and love, He takes away what little we have and gives it to someone else who will use it. When we cling to things out of selfishness, it dies in our grasp. But when we freely give without counting the cost, new life happens. God blesses us. “He who clings to his life will lose it; but he who gives his life away will save it.”

Let us invest our time, our talent, our treasure and our love. Let’s give it away generously. Then watch how the Lord responds… and how others respond…

Do I recognize that all good gifts come from God?
Do I use these gifts selfishly?
Do I freely give for the glory of God and the good of my brothers and sisters?
Have I seen how the Lord blesses generosity?

Have a blessed day!
Fr. Burke

Spanish translation:

LUCAS 19:11-28
En aquel tiempo, como ya se acercaba Jesús a Jerusalén y la gente pensaba que el Reino de Dios iba a manifestarse de un momento a otro, él les dijo esta parábola:

“Había un hombre de la nobleza que se fue a un país lejano para ser nombrado rey y volver como tal. Antes de irse, mandó llamar a diez empleados suyos, les entregó una moneda de mucho valor a cada uno y les dijo: ‘Inviertan este dinero mientras regreso’.

Pero sus compatriotas lo aborrecían y enviaron detrás de él a unos delegados que dijeran: ‘No queremos que éste sea nuestro rey’.

Pero fue nombrado rey, y cuando regresó a su país, mandó llamar a los empleados a quienes había entregado el dinero, para saber cuánto había ganado cada uno.

Se presentó el primero y le dijo: ‘Señor, tu moneda ha producido otras diez monedas’. Él le contestó: ‘Muy bien. Eres un buen empleado. Puesto que has sido fiel en una cosa pequeña, serás gobernador de diez ciudades’.

Se presentó el segundo y le dijo: ‘Señor, tu moneda ha producido otras cinco monedas’. Y el señor le respondió: ‘Tú serás gobernador de cinco ciudades’.

Se presentó el tercero y le dijo: ‘Señor, aquí está tu moneda. La he tenido guardada en un pañuelo, pues te tuve miedo, porque eres un hombre exigente, que reclama lo que no ha invertido y cosecha lo que no ha sembrado’. El señor le contestó: ‘Eres un mal empleado. Por tu propia boca te condeno. Tú sabías que yo soy un hombre exigente, que reclamo lo que no he invertido y que cosecho lo que no he sembrado, ¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco para que yo, al volver, lo hubiera recobrado con intereses?’

Después les dijo a los presentes: ‘Quítenle a éste la moneda y dénsela al que tiene diez’. Le respondieron: ‘Señor, ya tiene diez monedas’. Él les dijo: ‘Les aseguro que a todo el que tenga se le dará con abundancia, y al que no tenga, aun lo que tiene se le quitará. En cuanto a mis enemigos, que no querían tenerme como rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia’ ”.

Dicho esto, Jesús prosiguió su camino hacia Jerusalén al frente de sus discípulos.
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“A quien mucho se le da, mucho se le espera.” ¿Te has puesto a pensar en que tan bendecido realmente eres? A veces se necesita ir a un país del tercer mundo para darse cuenta de lo bendecidos que somos. Sin embargo, incluso si somos bendecidos con bienes materiales, podemos ser pobres de espíritu. Esto es lo que la Madre Teresa le dijo a nuestros funcionarios del gobierno cuando ella se dirigió a ellos hace varios años.

¿De dónde vienen nuestras bendiciones? A veces pensamos que nos merecemos todo lo que tenemos. Trabajamos duro. Ponemos nuestro tiempo. Nos merecemos todo. No olvides que Dios te ha dado cada talento, cada don que tienes. No hay nada que tengamos que no venga de Dios, incluso el deseo de trabajar duro.

Así que, ¿estoy usando estos dones y talentos para la gloria de Dios? ¿O son estos dones sólo para mí placer egoísta?

Jesús hoy comparte con nosotros una parábola sobre la importancia de usar los dones y talentos con los que Él nos ha bendecido. Cuanto más damos, más recibimos a cambio. Él no está hablando acerca de invertir en la bolsa de valores; Él está hablando acerca de invertir en el amor. Él está hablando acerca de los dones y talentos que Él nos ha dado para ser compartidos con los demás.

Cuanto más damos (amor, vida, talento, tesoro, tiempo), cuanto más se devuelve a nosotros. Esto no significa que demos para recibir. El verdadero amor es dar sin esperar un retorno.

Y el dar duele. Sí, a veces nos quemamos. A veces nuestro amor no es devuelto y nos lastima. Pero mira a Jesús. Él fue despreciado, negado, traicionado, rechazado y crucificado. Sin embargo, Él continuó dando Su amor y Su vida, incluso hasta la última gota de sangre. Y ahora está sentado a la diestra del Padre. La persona que se sentó a la derecha del Rey siempre fue la más importante. Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie viene al Padre, sino por medio de Jesús. Él nos mostró el camino al Padre entregándose a sí mismo en amor.

Así, también nosotros debemos dar y amar hasta que duela. La paradoja en la vida cristiana es que nos volvamos más como Dios quiere que seamos cuando nos entregamos. Dios quiere usarnos como Sus instrumentos de gracia. Debemos ser canales de Su misericordia y gracia para el mundo. Pero, ¿estoy siendo un canal de gracia, o mi egoísmo bloquea los planes de Dios?

No podemos superar a Dios en generosidad. Cuanto más damos, cuanto más nos abunda con Su amor y gracia. Pero Él nos da para que sigamos regalándolo. Sin embargo, si somos tacaños con nuestros dones y talentos y amor, Él nos quita lo poco que tenemos y se lo da a otra persona que lo usará. Cuando nos aferramos a las cosas por egoísmo, muere a nuestro alcance. Pero cuando damos libremente sin contar el costo, ocurre nueva vida. Dios nos bendice. “El que se aferra a su vida, la perderá; pero el que da su vida, la salvará.”

Vamos a invertir nuestro tiempo, nuestro talento, nuestro tesoro y nuestro amor. Vamos a darlo generosamente. Luego ve cómo el Señor responde… y cómo otros responden…

¿Reconozco que todos los dones buenos vienen de Dios?
¿Utilizo estos dones egoístamente?
¿Doy libremente para la gloria de Dios y para el bien de mis hermanos y hermanas?
¿He visto cómo el Señor bendice la generosidad?

¡Tengan un día bendecido!
Padre Burke


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