Posted by: frburke23 | December 13, 2015

Thought for 3rd Sunday of Advent, Year C

Luke 3:10-18

The crowds asked John the Baptist,
“What should we do?”
He said to them in reply,
“Whoever has two cloaks
should share with the person who has none.
And whoever has food should do likewise.”
Even tax collectors came to be baptized and they said to him,

“Teacher, what should we do?”
He answered them,
“Stop collecting more than what is prescribed.”
Soldiers also asked him,
“And what is it that we should do?”
He told them,
“Do not practice extortion,
do not falsely accuse anyone,
and be satisfied with your wages.”

Now the people were filled with expectation,
and all were asking in their hearts
whether John might be the Christ.
John answered them all, saying,
“I am baptizing you with water,
but one mightier than I is coming.
I am not worthy to loosen the thongs of his sandals.
He will baptize you with the Holy Spirit and fire.
His winnowing fan is in his hand to clear his threshing floor
and to gather the wheat into his barn,
but the chaff he will burn with unquenchable fire.”
Exhorting them in many other ways,
he preached good news to the people.
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This Sunday is called Gaudete Sunday; Gaudete means “rejoice!” On this Sunday you may see the priest wearing rose-colored vestments instead of the normal purple vestments during Advent. The rose symbolizes joy, the impending birth of our Savior Jesus Christ. Until this 3rd Sunday of Advent, the season has a penitential, turn-from-your-sin feeling. We take a moment today to rejoice because the birth of Jesus is close at hand. Salvation history is about to take a dramatic turn for the good for all of us!

In today’s Gospel, John the Baptist is asked by different groups, “What should we do?” They have heard his call to repentance and now they want to do something. John basically tells them to live just lives in whatever they are doing. He does not call them to remove themselves from the world; he calls them to act justly in the world. For those who have extra, they should share with those who have not. The tax collectors can continue to collect taxes, but they should be fair. In the same way, he tells the soldiers not to extort, but to be just and accept their fair wages.

If you were to ask John the question today, “What should we do?” How would he respond to you? He probably would give us the same message – share with the less fortunate and be fair in your everyday dealings with people. Jesus came to bring Good News to the poor and marginalized. He hung out with those who were cast out by society. He came to bring dignity to every human being. Do we bring dignity to every person, or do our words and actions demean and hurt others?

The people are amazed by John’s common sense answers and they ask if he is the Messiah. Very humbly he says that he is not the Christ, the anointed one. John was baptizing with water and calling for repentance; Jesus would baptize with fire and the Holy Spirit.

It is this Holy Spirit that will transform our lives if we let Him. It is one thing to do the right and just thing out of duty; it is another to do it out of love. Many of us go to Church out of an obligation to fulfill our duty and do the right thing. That is good. But it is does not bring the joy that a deep relationship with God the Father, Jesus Christ and the Holy Spirit will bring. And that is the joy that the readings are calling us to today. When we have experienced the love and mercy of God, when we have the fire of the Holy Spirit burning in our hearts, when we know our identity as beloved children of God – the fruits of the Spirit will manifest, especially peace and joy.

Yes, we are called to do the right and just thing always. But when it is done as a response to the incredible love and mercy of God, it takes on a new meaning. St. Paul tells us to “rejoice always”. This is possible, even in the midst of great suffering, when we know Jesus Christ is with us through the good and bad.

Am I living a just and righteous life?
Am I doing these things because I feel obliged or out of love for Christ?
Have I invited the Holy Spirit into my heart to transform me?

Take time to count your blessings today. Ask the Holy Spirit to stoke a fire in your heart and allow the joy of the Lord to come alive in you. “Rejoice! I say it again, rejoice!”

Fr. Burke

Spanish translation:

Lucas 3:10-18
En aquel tiempo, la gente le preguntaba a Juan el Bautista: “¿Qué debemos hacer?” Él contestó: “Quien tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida, que haga lo mismo”.

También acudían a él los publicanos para que los bautizara, y le preguntaban: “Maestro, ¿qué tenemos que hacer nosotros?” Él les decía: “No cobren más de lo establecido”. Unos soldados le preguntaron: “Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer?” Él les dijo: “No extorsionen a nadie, ni denuncien a nadie falsamente, sino conténtense con su salario”.

Como el pueblo estaba en expectación y todos pensaban que quizá Juan era el Mesías, Juan los sacó de dudas, diciéndoles: “Es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las correas de sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Él tiene el bieldo en la mano para separar el trigo de la paja; guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue”.

Con éstas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo la buena nueva.
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Este domingo se llama Domingo Gaudete; Gaudete significa “¡alégrense!” En este domingo es posible que veas al sacerdote llevar vestimentas de color rosa en lugar de las vestimentas púrpuras normales durante el Adviento. El rosa simboliza alegría, el nacimiento inminente de nuestro Salvador Jesucristo. Hasta este tercer domingo de Adviento, la temporada tiene un sentimiento penitencial, conviértete de tus pecados. Hoy tomamos un momento para alegrarnos porque el nacimiento de Jesús está cerca. ¡La historia de la salvación está a punto de dar un giro dramático por el bien de todos nosotros!

En el Evangelio de hoy, a Juan el Bautista se le pregunta por grupos distintos, “¿Qué debemos hacer?” Han escuchado su llamado al arrepentimiento y ahora quieren hacer algo. Juan básicamente les dice que vivan solo vidas en lo que sea que están haciendo. Él no los llama a retirarse del mundo; él los llama a actuar con justicia en el mundo. Para aquellos que tienen de más, deben compartir con los que no tienen. Los recaudadores de impuestos pueden seguir recaudando impuestos, pero deben ser justos. De la misma manera, les dice a los soldados a no extorsionar, sino de ser justos y aceptar sus salarios justos.

Si hoy le hicieras a Juan la pregunta, “¿Qué debemos hacer?” ¿Cómo te respondería? Probablemente nos daría el mismo mensaje – comparte con los menos afortunados y se justo en tus relaciones cotidianas con la gente. Jesús vino a traer la Buena Nueva a los pobres y marginados. Él compartió con aquellos que fueron rechazados por la sociedad. Él vino a traer dignidad a todos los seres humanos. ¿Traemos dignidad a cada persona, o nuestras palabras y acciones degradan y hieren a los demás?

La gente está asombrada por las respuestas de sentido común de Juan y se preguntan si él es el Mesías. Muy humildemente dice que él no es el Cristo, el ungido. Juan bautizaba con agua y llamando al arrepentimiento; Jesús bautizaría con fuego y el Espíritu Santo.

Este es el Espíritu Santo que transformará nuestras vidas si se lo permitimos. Una cosa es hacer lo correcto y justo por deber; y otra es hacerlo por amor. Muchos de nosotros vamos a la iglesia por obligación de cumplir con nuestro deber y hacer lo correcto. Eso es bueno. Pero no trae la alegría que una profunda relación con Dios Padre, Jesucristo y el Espíritu Santo traerá. Y esa es la alegría a la que las lecturas de hoy nos están llamando. Cuando hemos experimentado el amor y la misericordia de Dios, cuando tenemos el fuego del Espíritu Santo ardiendo en nuestros corazones, cuando conocemos nuestra identidad como hijos amados de Dios – los frutos del Espíritu se manifestarán, especialmente la paz y la alegría.

Sí, estamos llamados a hacer lo correcto y lo justo siempre. Pero cuando se hace como respuesta al increíble amor y misericordia de Dios, adquiere un nuevo significado. San Pablo nos dice “alégrense siempre”. Esto es posible, incluso en medio de un gran sufrimiento, cuando sabemos que Jesucristo está con nosotros a través de lo bueno y lo malo.

¿Estoy viviendo una vida justa y recta?
¿Estoy haciendo estas cosas porque me siento obligado o por amor a Cristo?
¿He invitado al Espíritu Santo en mi corazón para transformarme?

Toma tiempo hoy para contar tus bendiciones. Pídale al Espíritu Santo que avive un fuego en tu corazón y permite que el gozo del Señor cobre vida en ti. “¡Alégrate! ¡Lo digo de nuevo, alégrate!”

Padre Burke


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