Posted by: frburke23 | January 7, 2016

Thought for Thursday after Epiphany – January 7

1 JOHN 4:19–5:4
Beloved, we love God because
he first loved us.
If anyone says, “I love God,”
but hates his brother, he is a liar;
for whoever does not love a brother whom he has seen
cannot love God whom he has not seen.
This is the commandment we have from him:
Whoever loves God must also love his brother.

Everyone who believes that Jesus is the Christ is begotten by God,
and everyone who loves the Father
loves also the one begotten by him.
In this way we know that we love the children of God
when we love God and obey his commandments.
For the love of God is this,
that we keep his commandments.
And his commandments are not burdensome,
for whoever is begotten by God conquers the world.
And the victory that conquers the world is our faith.
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We continue this week of the Epiphany reflecting on the person of Jesus and the different ways that He revealed that He really is the Son of God. In the Gospel of Luke, chapter 4, we hear that Jesus read one of the scrolls about the Messiah and then said, “Today this Scripture passage is fulfilled in your hearing.” He is very clear about His identity, even though many people were not open to listening to Him.

And in the first reading today, St. John tells us that if we truly love God, we must love our neighbor. This is such an important point to make because God is love. And what is love? Love means to desire the best for the other person, always. Whenever we start to get selfish we stop loving. I am not saying that this is easy to do, but it is our goal.

This all begins by believing “that Jesus is the Christ”. Jesus is the anointed one by God the Father; in fact, He is the Son of God. He came to show us the Father’s love. The foundation of the spiritual life is to know that I am a beloved son or daughter of God the Father. This can be very difficult for us to receive because we know that we are sinners. But those of you who are parents know how much you can love your children, even when they are doing the wrong things. How much more can God, the One who created us, love us?

How do we learn to know this identity? It takes some work but it is worth every ounce of energy that you can offer. We need to spend time in prayer allowing God to love us. We need to spend time reading the Scriptures, starting with the Gospels, to learn how Jesus loves. We need to spend time in His Holy Presence, especially in Eucharistic adoration if possible. Let Him gaze upon you. Let Him love you. Look upon the crucifix and meditate upon the depth of His love to go to the cross for you.

Once we receive this infinite love, we must share it. We cannot give what we do not have. So we have to receive first and then go out and give it away freely, even to people who do not love us. Jesus taught us that anyone can love those who love us. But true love means seeking the best for those people who do not love us, even our worst enemy.

I know this sounds impossible, but try it. Give the Lord a chance to heal that place deep inside of you that has held a grudge against someone for years. It does not feel good, right? The evil one wants us to hold on to the grudge and never let go. This only leads to sadness and despair. But Jesus wants us to live in freedom. He wants us to receive love without boundaries. That leads to true freedom.

Do you love God?
Do you hate your brother or sister?
These two things do not go together.

Let God love you and then share that love with everyone, even the people that do not love us. If they do not respond in love, we cannot do anything about that. All we can do is offer our love to everyone.

Have a blessed day!
Fr. Burke

Spanish translation:

1 JUAN 4:19–5:4
Queridos hijos: Amamos a Dios, porque él nos amó primero. Si alguno dice: “Amo a Dios” y aborrece a su hermano, es un mentiroso, pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Además, Jesús nos ha dado este mandamiento: El que ama a Dios, que ame también a su hermano.

Todo el que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios. Todo el que ama a un padre, ama también a los hijos de éste. Conocemos que amamos a los hijos de Dios en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, pues el amor de Dios consiste en que cumplamos sus preceptos. Y sus mandamientos no son pesados, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y nuestra fe es la que nos ha dado la victoria sobre el mundo.
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Continuamos esta semana de la Epifanía reflexionando sobre la persona de Jesús y las diferentes formas en que Él reveló que Él realmente es el Hijo de Dios. En el Evangelio de Lucas, capítulo 4, escuchamos que Jesús leyó un volumen sobre el Mesías y luego dijo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír.” Él es muy claro acerca de Su identidad, a pesar de que muchas personas no estaban abiertas para escucharlo a Él.

Y en la primera lectura de hoy, San Juan nos dice que, si verdaderamente amamos a Dios, debemos amar a nuestro prójimo. Este es un punto muy importante de hacer, porque Dios es amor. ¿Y qué es amor? Amor significa querer lo mejor para la otra persona, siempre. Cuando comenzamos a ser egoístas dejamos de amar. No estoy diciendo que esto es fácil de hacer, pero es nuestra meta.

Todo esto empieza por creer “que Jesús es el Mesías”. Jesús es el ungido por Dios Padre; de hecho, Él es el Hijo de Dios. Él vino a mostrarnos el amor del Padre. El fundamento de la vida espiritual es saber que soy un hijo o hija amado de Dios Padre. Esto puede ser muy difícil para nosotros recibir porque sabemos que somos pecadores. Pero aquellos de ustedes que son padres saben cuánto pueden amar a sus hijos, incluso cuando están haciendo las cosas equivocadas. ¿Cuánto más puede Dios, Aquel que nos creó, amarnos?

¿Cómo aprendemos a conocer esta identidad? Se necesita algo de trabajo, pero vale la pena cada onza de energía que puedes ofrecer. Necesitamos pasar tiempo en oración permitiendo que Dios nos ame. Necesitamos pasar tiempo leyendo las Escrituras, comenzando con los Evangelios, para aprender cómo ama Jesús. Necesitamos pasar tiempo en Su Santa Presencia, especialmente en la adoración Eucarística si es posible. Deja que Él te contemple. Deja que Él te ame. Mira el crucifijo y medita sobre la profundidad de Su amor para ir a la cruz por ti.

Una vez que recibimos este amor infinito, debemos compartirlo. No podemos dar lo que no tenemos. Así que tenemos que recibir primero y luego salir a darlo libremente, incluso a las personas que no nos aman. Jesús nos enseñó que cualquier persona puede amar a los que nos aman. Pero el verdadero amor significa buscar lo mejor para las personas que no nos aman, incluso nuestro peor enemigo.

Sé que esto suena imposible, pero inténtalo. Dale al Señor una oportunidad para sanar ese lugar profundo dentro de ti que ha guardado un rencor contra alguien por años. No se siente bien, ¿verdad? El maligno quiere que nos aferremos al rencor y nunca lo dejemos ir. Esto sólo conduce a la tristeza y desesperación. Pero Jesús quiere que vivamos en libertad. Él quiere que recibamos amor sin límites. Eso conduce a la verdadera libertad.

¿Amas a Dios?
¿Odias a tu hermano o hermana?
Estas dos cosas no van de la mano.

Deja que Dios te ame y luego comparte ese amor con todos, incluso con la gente que no nos ama. Si no responden en amor, no podemos hacer nada al respecto. Todo lo que podemos hacer es ofrecer nuestro amor a todos.

¡Que tengas un día bendecido!
Padre Burke


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