Posted by: frburke23 | March 12, 2016

Thought for Saturday, 4th Week in Lent

JOHN 7:40-53
Some in the crowd who heard these words of Jesus said,
“This is truly the Prophet.”
Others said, “This is the Christ.”
But others said, “The Christ will not come from Galilee, will he?
Does not Scripture say that the Christ will be of David’s family
and come from Bethlehem, the village where David lived?”
So a division occurred in the crowd because of him.
Some of them even wanted to arrest him,
but no one laid hands on him.
 
So the guards went to the chief priests and Pharisees,
who asked them, “Why did you not bring him?”
The guards answered, “Never before has anyone spoken like this man.”
So the Pharisees answered them, “Have you also been deceived?
Have any of the authorities or the Pharisees believed in him?
But this crowd, which does not know the law, is accursed.”
Nicodemus, one of their members who had come to him earlier, said to them,
“Does our law condemn a man before it first hears him
and finds out what he is doing?”
They answered and said to him,
“You are not from Galilee also, are you?
Look and see that no prophet arises from Galilee.”
 
Then each went to his own house.
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“Never before has anyone spoken like this man.” These words came from the mouth of the guards. The chief priests and the Pharisees had already come to the conclusion that Jesus was a fraud and they were ready to kill him. And yet the guards, even though they probably were not educated in the faith, they recognized something special in Jesus and the way He spoke. Their hearts were moved by the Word of God, who had come in the flesh.
 
St. Augustine is famous for saying, “Our hearts are restless until they rest in you.” He was speaking to every human heart because our hearts were made for God and we often spend our whole lives searching for God in all the wrong places. These guards found the answer to their hearts’ desires in Jesus, the Word made flesh.
 
I remember reading the Bible for the first time in my life as a high school freshman. Reading the story of Jesus Christ and listening to His Word impacted my heart in a way that nothing else ever had. “Never before has anyone spoken like this man.”
 
When I attended a Cursillo in 1993 I started to go to daily Mass. Listening to the Word of God every day had a profound effect on my life, not to mention receiving Holy Communion daily. Then when I entered seminary in 1997 one of our priest professors said, “Never go to bed without allowing the Word of God to wash over you. Let it be the last thing your heart ponders at night.”
 
God is the one Who created me and you. He knows what our hearts need. When we stay close to the Word of God we are like trees planted beside the streams. Our leaves always stay green and we produce abundant fruit. “Never before has anyone spoken like this man.”
 
And then Bishop Sartain, now Archbishop Sartain of Seattle, told us one day, “Loneliness is God’s invitation to intimacy with Him.” When I used to get lonely I would turn to TV, friends, or even sinful things in order to fill that void. When we get hungry we eat. But if we ate junk food all day every day our bodies would deteriorate.
 
The same is true for our soul. When we are lonely, when we have that dull ache deep inside, our soul is saying, “I’m thirsty for God.” God is inviting us to spend time with Him in intimacy. It is an invitation to read the Word of God because “Never before has anyone spoken like this man.” Praying with the Word of God is like allowing a river of Living Water wash over us.
 
And we learn in the Word of God that following Jesus is not easy. In fact, He tells us that there will be heavy crosses. Things may not happen in just the way we want them to happen. Jesus’ followers did not understand at first how the Word was crucified. But He won the victory in the end. When we allow the Word of God to wash over us every day, our faith deepens and we realize He is in control. And our hearts find peace that goes beyond all understanding because, “Never before has anyone spoken like this man.”
 
Do you allow the Word of God to wash over you every day?
If not, what takes priority in your life?
Has your heart found true peace?
 
Have a blessed day!
Fr. Burke
 
Spanish translation:
 
JUAN 7:40-53
En aquel tiempo, algunos de los que habían escuchado a Jesús comenzaron a decir: “Éste es verdaderamente el profeta”. Otros afirmaban: “Éste es el Mesías”. Otros, en cambio, decían: “¿Acaso el Mesías va a venir de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la familia de David, y de Belén, el pueblo de David?” Así surgió entre la gente una división por causa de Jesús. Algunos querían apoderarse de él, pero nadie le puso la mano encima.
 
Los guardias del templo, que habían sido enviados para apresar a Jesús, volvieron a donde estaban los sumos sacerdotes y los fariseos, y éstos les dijeron: “¿Por qué no lo han traído?” Ellos respondieron: “Nadie ha hablado nunca como ese hombre”. Los fariseos les replicaron: “¿Acaso también ustedes se han dejado embaucar por él? ¿Acaso ha creído en él alguno de los jefes o de los fariseos? La chusma ésa, que no entiende la ley, está maldita”.
 
Nicodemo, aquel que había ido en otro tiempo a ver a Jesús, y que era fariseo, les dijo: “¿Acaso nuestra ley condena a un hombre sin oírlo primero y sin averiguar lo que ha hecho?” Ellos le replicaron: “¿También tú eres galileo? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no ha salido ningún profeta”. Y después de esto, cada uno de ellos se fue a su propia casa.
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“Nadie ha hablado nunca como este hombre.” Estas palabras salieron de la boca de los guardias. Los sumos sacerdotes y los fariseos ya habían llegado a la conclusión de que Jesús era un fraude y estaban listos para matarlo. Y, sin embargo, los guardias, a pesar de que probablemente no fueron educados en la fe, reconocieron algo especial en Jesús y Su forma de hablar. Sus corazones fueron movidos por la Palabra de Dios, que había venido en la carne.
 
San Agustín es famoso por decir, “Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.” Él le estaba hablando a cada corazón humano, porque nuestros corazones fueron hechos para Dios y a menudo pasamos toda la vida buscando a Dios en todos los lugares equivocados. Estos guardias encontraron la respuesta a los deseos de sus corazones enJesús, la Palabra hecha carne.
 
Recuerdo haber leído la Biblia por primera vez en mi vida en mi primer año de la escuela secundaria. Leer la historia de Jesucristo y escuchar Su Palabra impactó mi corazón de una manera que nunca nada lo ha hecho. “Nadie ha hablado nunca como este hombre.”
 
Cuando asistí a un Cursillo en 1993 comencé a ir a la Misa diaria. Escuchar la Palabra de Dios todos los días tuvo un efecto profundo en mi vida, sin mencionar recibir la Santa Comunión diariamente. Luego, cuando entré en el seminario en 1997 uno de nuestros profesores sacerdote dijo, “Nunca vayas a la cama sin permitir que la Palabra de Dios te lave. Que sea la última cosa que tu corazón medite por las noches”.
 
Dios es Quien te creó a ti y a mí. Él sabe lo que nuestros corazones necesitan. Cuando permanecemos cerca de la Palabra de Dios somos como árboles plantados junto a las corrientes. Nuestras hojas siempre permanecen verdes y producimos abundantes frutos. “Nadie ha hablado nunca como este hombre.”
 
Y luego el Obispo Sartain, ahora el Arzobispo Sartain de Seattle, nos dijo un día, “La soledad es la invitación de Dios a la intimidad con Él.” Cuando solía sentirme solo iba a la televisión, amigos, o incluso a cosas pecaminosas con el fin de llenar ese vacío. Cuando tenemos hambre comemos. Pero si comemos comida chatarra todo el día todos los días nuestros cuerpos se deteriorarán.
 
Lo mismo es cierto para nuestra alma. Cuando estamos solos, cuando tenemos ese dolor profundo en el interior, nuestra alma está diciendo, “Estoy sediento de Dios.” Dios está invitándonos a pasar tiempo con Él en la intimidad. Es una invitación a leer la Palabra de Dios porque “Nadie ha hablado nunca como este hombre.” Orar con la Palabra de Dios escomo permitir que un río de Agua Viva nos lave.
 
Y aprendemos en la Palabra de Dios que seguir a Jesús no es fácil. De hecho, Él nos dice que habrá cruces pesadas. Puede que las cosas no sucedan justo en la forma que queremos que sucedan. Los seguidores de Jesús no entendieron al principio cómo fue crucificada la Palabra. Pero Él gano la victoria al final. Cuando permitimos que la Palabra de Dios nos lave todos los días, nuestra fe se profundiza y nos damos cuenta de que Él está en control. Y nuestros corazones encuentran la paz que va más allá de todo entendimiento porque, “Nadie ha hablado nunca como este hombre.”
 
¿Permites que la Palabra de Dios te lave todos los días?
Si no, ¿qué tiene prioridad en tu vida?
¿Ha encontrado tu corazón la paz verdadera?
 
¡Que tengas un día bendecido!
Padre Burke

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