Posted by: frburke23 | March 30, 2016

Thought for Wednesday of Easter Week

ACTS 3:1-10
Peter and John were going up to the temple area
for the three o’clock hour of prayer.
And a man crippled from birth was carried
and placed at the gate of the temple called “the Beautiful Gate” every day
to beg for alms from the people who entered the temple.
When he saw Peter and John about to go into the temple,
he asked for alms.
But Peter looked intently at him, as did John,
and said, “Look at us.”
He paid attention to them, expecting to receive something from them.
Peter said, “I have neither silver nor gold,
but what I do have I give you:
in the name of Jesus Christ the Nazorean, rise and walk.”
Then Peter took him by the right hand and raised him up,
and immediately his feet and ankles grew strong.
He leaped up, stood, and walked around,
and went into the temple with them,
walking and jumping and praising God.
When all the people saw him walking and praising God,
they recognized him as the one
who used to sit begging at the Beautiful Gate of the temple,
and they were filled with amazement and astonishment
at what had happened to him.
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As we continue our Easter celebration, we have this wonderful reading from the Acts of the Apostles. The first thing we notice is that Peter and John were going to pray at three o’clock. This is the hour of mercy, the time in which Jesus offered Himself completely for us on the cross.
 
Along the way to the temple, Peter and John encounter a crippled man who was begging for alms. Peter’s response is striking, “I have neither silver nor gold, but what I do have I give you: in the name of Jesus Christ the Nazorean, rise and walk.” This story is similar to the Samaritan woman that Jesus meets at the well. She comes looking for water, but Jesus gives her Living Water. This man is looking for alms, but Peter gives him healing from the Lord of Lords. It costs us nothing to give Jesus to others. Do we even think to share Jesus with others when they are asking for alms?
 
So often we don’t ask for what we need. Or maybe we do not even know what we need. At times we ask for something small and Jesus wants to flood us with His grace. We ask for something that is earthly and Jesus wants to gives us heavenly blessings. Yes, we should ask for our daily bread and things of this earth that are necessary. However, we often lack the faith to ask Jesus for miracles, for healing graces, for the power of the Holy Spirit.
 
My experience over the last 14 years as a priest is that Jesus is teaching me how to trust Him and to grow in faith. I have seen physical and spiritual miracles. People have been cured from illnesses that the doctors cannot explain. The Lord has brought about solutions to problems that seemed to have no answer. Each time He invites me to deeper prayer asking me, “Do you trust me now? Do you believe in me now?”
 
How do I approach Jesus in prayer?
Do I believe that He can perform miracles in my life?
Do I have faith in Jesus in the worst of circumstances?
Do I offer Jesus to others freely?
 
The people were amazed when they saw this man who had been crippled now walking in the temple area. They saw and believed. But Jesus tells us, “Blessed are you who have not seen and yet believe.” The Lord invites us into a deeper relationship with Him today. This Easter season is a time to reflect on the miracle of the resurrection, the power of the Holy Spirit and the intimate love God has for each one of us.
 
Do I believe?
 
Ask the Lord for more faith. Ask Him to open your eyes to see Him more clearly. Ask Him to open the ears of your heart to hear His voice speaking to you. He invites us today to trust Him.
 
God bless,
Fr. Burke
 
Spanish translation:
 
HECHOS 3:1-10
En aquel tiempo, Pedro y Juan subieron al templo para la oración vespertina, a eso de las tres de la tarde. Había allí un hombre lisiado de nacimiento, a quien diariamente llevaban y ponían ante la puerta llamada la “Hermosa”, para que pidiera limosna a los que entraban en el templo.
 
Aquel hombre, al ver a Pedro y a Juan cuando iban a entrar, les pidió limosna. Pedro y Juan fijaron en él los ojos, y Pedro le dijo: “Míranos”. El hombre se quedó mirándolos en espera de que le dieran algo. Entonces Pedro le dijo: “No tengo ni oro ni plata, pero te voy a dar lo que tengo: En el nombre de Jesucristo nazareno, levántate y camina”. Y, tomándolo de la mano, lo incorporó.
 
Al instante sus pies y sus tobillos adquirieron firmeza. De un salto se puso de pie, empezó a andar y entró con ellos al templo caminando, saltando y alabando a Dios.
 
Todo el pueblo lo vio caminar y alabar a Dios, y al darse cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado junto a la puerta “Hermosa” del templo, quedaron llenos de miedo y no salían de su asombro por lo que había sucedido.
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A medida que continuamos nuestra celebración de Pascua, tenemos esta maravillosa lectura de los Hechos de los Apóstoles. Lo primero que notamos es que Pedro y Juan iban a orar a las tres en punto. Esta es la hora de la misericordia, el momento en el que Jesús se ofreció completamente por nosotros en la cruz.
 
En el camino al templo, Pedro y Juan se encuentran con un hombre lisiado que estaba pidiendo limosna. La respuesta de Pedro es sorprendente “No tengo ni oro ni plata, pero te voy a dar lo que tengo: En el nombre de Jesucristo nazareno, levántate y camina.” Esta historia es similar a la de la samaritana que Jesús se encuentra en el pozo. Ella viene en busca de agua, pero Jesús le da agua de vida. Este hombre está buscando limosna, pero Pedro le da la sanación del Señor de Señores. No nos cuesta nada dar a Jesús a los demás. ¿Pensamos incluso en compartir a Jesús con los demás cuando están pidiendo limosna?
 
Muy a menudo no pedimos lo que necesitamos. O tal vez ni siquiera sabemos lo que necesitamos. A veces pedimos algo pequeño y Jesús quiere inundarnos con Su gracia. Pedimos algo que es terrenal y Jesús quiere darnos bendiciones celestiales. Sí, debemos pedir nuestro pan de cada día y las cosas de esta tierra que son necesarias. Sin embargo, a menudo nos falta la fe para pedirle a Jesús por milagros, por la gracia de la sanación, por el poder del Espíritu Santo.
 
Mi experiencia en los últimos 14 años como sacerdote es que Jesús me está enseñando a como confiar en Él y crecer en la fe. He visto milagros físicos y espirituales. Personas se han curado de enfermedades que los médicos no pueden explicar. El Señor ha traído soluciones a problemas que parecían no tener respuesta. Cada vez que me invita a una oración más profunda preguntándome, “¿Ahora confías en mí? ¿Ahora crees en mí?”
 
¿Cómo me acerco a Jesús en la oración?
¿Creo que Él puede hacer milagros en mi vida?
¿Tengo fe en Jesús en la peor de las circunstancias?
¿Le ofrezco a Jesús a los demás libremente?
 
Las personas se sorprendieron cuando vieron a este hombre que había sido lisiado ahora caminando en el área del templo. Vieron y creyeron. Pero Jesús nos dice: “Dichosos los que no han visto y han creído.” El Señor hoy nos invita auna relación más profunda con Él. Este tiempo de Pascua es un momento para reflexionar sobre el milagro de la resurrección, el poder del Espíritu Santo y el amor íntimo que Dios tiene por cada uno de nosotros.
 
¿Creo?
 
Pídele al Señor más fe. Pídele que abra tus ojos para verlo más claramente. Pídele que abra los oídos de tu corazón para escuchar Su voz hablándote. Él nos invita hoy a confiar en Él.
 
Dios te bendiga,
Padre Burke

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