Posted by: frburke23 | May 18, 2016

Thought for Thursday, 7th Week of Ordinary Time

JAMES 5:1-6
Come now, you rich, weep and wail over your impending miseries.
Your wealth has rotted away, your clothes have become moth-eaten,
your gold and silver have corroded,
and that corrosion will be a testimony against you;
it will devour your flesh like a fire.
You have stored up treasure for the last days.
Behold, the wages you withheld from the workers
who harvested your fields are crying aloud;
and the cries of the harvesters
have reached the ears of the Lord of hosts.
You have lived on earth in luxury and pleasure;
you have fattened your hearts for the day of slaughter.
You have condemned;
you have murdered the righteous one;
he offers you no resistance.
—————————————————-
St. James does not hold anything back. Today he directs his attention upon the rich who have “lived on earth in luxury and pleasure” while the people who have worked for them were neglected. All of the gold, silver, and fine clothes will fade away, but the Lord hears the “cries of the harvesters”, those who toiled and were neglected while here on earth.
 
This reminds me of the story of the rich man and Lazarus in Luke 16. Lazarus was a poor beggar outside the door of the rich man. Each day the rich man stepped over Lazarus and ignored him, while the rich man dined on fine foods and lived the good life. When they died, the rich man went to hell and poor Lazarus went to heaven.
 
I recently spoke to someone who was turned off by the Gospel because he wanted to be rich and he did not like what Jesus had to say about rich people. I explained to him that money is not bad in and of itself, but if money becomes the center of your life and you neglect the poor and relegate God to the margins, then you have a problem. However, there are a lot of wealthy people who do amazing things for the Lord in this world with their wealth. In fact, I believe that is why the Lord blesses people financially; we are meant to help the less fortunate. I am not talking about socialism; I am simply talking loving our brothers and sisters because we are one family in Christ.
 
There is a fundamental attitude that James is asking us to reflect upon today. Am I a selfish person, only seeking my own good? Or am I a generous and loving person, seeking the good of others? True love is seeking the best for others.
 
And Jesus has taught us that we should have a preferential option for the poor. From the earliest time in our Church, the poor were valued. In St. Paul’s letter to the Galatians (1:13-2:10), we hear how Paul, Barnabas and Titus went to Rome to make sure that the gospel that he was preaching was correct. He spoke to the pillars of the Church, Peter, James and John. Paul and his companions were encouraged to continue to preach the gospel to the Gentiles. The only stipulation was that they should be “mindful of the poor.” (Galatians 2:10)
 
My friends the poor are all around us and we have been blessed so much. Some are poor financially. Others are poor spiritually. We are all part of the Mystical Body of Christ. And when one member of the Body suffers, we all do.
 
What am I doing to care for the spiritual and material poverty of my neighbor?
Do I see all of my blessings as a gift from God to share with others?
How is God calling me to share my gifts with others?
 
Have a blessed day!
Fr. Burke
 
Here is the Spanish translation:
 
SANTIAGO 5:1-6
Lloren y laméntense, ustedes, los ricos, por las desgracias que esperan. Sus riquezas se han corrompido; la polilla se ha comido sus vestidos; enmohecidos están su oro y su plata, y ese moho será una prueba contra ustedes y consumirá sus carnes, como el fuego. Con esto ustedes han atesorado un castigo para los últimos días.
 
El salario que ustedes han defraudado a los trabajadores que segaron sus campos está clamando contra ustedes; sus gritos han llegado hasta el oído del Señor de los ejércitos. Han vivido ustedes en este mundo entregados al lujo y al placer, engordando como reses para el día de la matanza. Han condenado a los inocentes y los han matado, porque no podían defenderse.
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Santiago no oculta nada. Hoy él dirige su atención sobre los ricos que han “vivido en este mundo entregados al lujo y al placer” mientras que las personas que han trabajado para ellos eran descuidadas. Todo el oro, plata, y ropas finas se desvanecerán, pero el Señor escucha los “gritos de los segadores”, aquellos que trabajaron y fueron descuidados mientras que estaban aquí en la tierra.
 
Esto me recuerda la historia del hombre rico y Lázaro en Lucas 16. Lázaro era un pobre mendigo afuera de la puerta del hombre rico. El rico pasaba por encima de Lázaro cada día y lo ignoraba, mientras que el rico cenaba alimentos de excelente calidad y vivía la buena vida. Cuando murieron, el hombre rico fue al infierno y el pobre Lázaro fue al cielo.
 
Recientemente hablé con alguien que fue apagado por el Evangelio, porque quería ser rico y no le gustó lo que Jesús tenía que decir acerca de la gente rica. Le expliqué que el dinero no es malo, pero si el dinero se convierte en el centro de tu vida y descuidas al pobre y relegas a Dios a los márgenes, entonces tienes un problema. Sin embargo, hay una gran cantidad de gente rica que hace cosas increíbles para el Señor en este mundo con sus riquezas. De hecho, creo que es por eso que el Señor bendice a la gente financieramente; estamos para ayudar a los menos afortunados. No estoy hablando de socialismo; Simplemente estoy hablando de amar a nuestros hermanos y hermanas porque somos una sola familia en Cristo.
 
Hay una actitud fundamental que Santiago hoy nos está pidiendo sobre la cual reflexionar. ¿Soy una persona egoísta, buscando sólo mi propio bien? ¿O soy una persona generosa y amorosa, buscando el bien de los demás? El verdadero amor es buscar lo mejor para los demás.
 
Y Jesús nos ha enseñado que debemos tener una opción preferencial por los pobres. Desde el tiempo primitivo de nuestra Iglesia, los pobres fueron valorados. En la carta de San Pablo a los Gálatas (1: 13-2: 10), escuchamos cómo Pablo, Bernabé y Tito fueron a Roma para asegurarse de que el evangelio que él predicaba era correcto. Habló con los pilares de la Iglesia, Pedro, Santiago y Juan. Pablo y sus compañeros se les animó a continuar predicando el Evangelio a los Gentiles. La única condición era que debían “acordarse de los pobres.” (Gálatas 2:10)
 
Mis amigos los pobres están a nuestro alrededor y hemos sido muy bendecidos. Algunos son pobres económicamente. Otros son pobres espiritualmente. Todos somos parte del Cuerpo Místico de Cristo. Y cuando un miembro del Cuerpo sufre, todos sufrimos.
 
¿Qué estoy haciendo para cuidar de la pobreza espiritual y material de mi prójimo?
¿Veo todas mis bendiciones como un regalo de Dios para compartir con los demás?
¿Cómo Dios me está llamando para compartir mis dones con los demás?
 
¡Tengan un día bendecido!
Padre Burke

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