Posted by: frburke23 | May 31, 2016

Thought for Wednesday, 9th Week in Ordinary Time

Mark 12:18-27
Some Sadducees, who say there is no resurrection,
came to Jesus and put this question to him, saying,
“Teacher, Moses wrote for us,
If someone’s brother dies, leaving a wife but no child,
his brother must take the wife
and raise up descendants for his brother.
Now there were seven brothers.
The first married a woman and died, leaving no descendants.
So the second brother married her and died, leaving no descendants,
and the third likewise.
And the seven left no descendants.
Last of all the woman also died.
At the resurrection when they arise whose wife will she be?
For all seven had been married to her.”
Jesus said to them, “Are you not misled
because you do not know the Scriptures or the power of God?
When they rise from the dead,
they neither marry nor are given in marriage,
but they are like the angels in heaven.
As for the dead being raised,
have you not read in the Book of Moses,
in the passage about the bush, how God told him,
I am the God of Abraham, the God of Isaac,
and the God of Jacob?
He is not God of the dead but of the living.
You are greatly misled.”
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This reading from Mark’s Gospel always brings up a lot of questions, especially for those who are happily married. The Sadducees bring a question to Jesus about a woman who has married seven brothers after the previous one has died. “At the resurrection when they arise whose wife will she be? For all seven had been married to her.”
 
Jesus answers them by saying, “When they rise from the dead, they neither marry nor are given in marriage, but they are like the angels in heaven.” In other words, Jesus tells them that there is no marriage in heaven.
For those who are happily married and want to be with your spouse in heaven, do not panic. First of all, Jesus is not denigrating marriage. Marriage gives us an insight into the love of God. Man is called to love his spouse as Jesus loved the Church, by laying down his life for her. Marriage is held up by God and the Church as something beautiful. It is the ideal place for life to come into being and for children to be raised in the faith. The goal of marriage is for you to help your spouse get to heaven. And if God grants you children, to help your children get to heaven. Marriage is a wonderful and necessary vocation here on earth.
 
However, when we get to heaven, God is going to satisfy our deepest desires. On earth, our relationships with other people give us glimpses of the love of God. But in heaven, we shall see the Lord face to face. God will be our all in all. Every fiber of our being will be fulfilled by being in the presence of God.
 
That is why the world needs celibate priests, brothers, sisters and consecrated lay people. Our lives drive some people crazy. They don’t understand how we can live without having sexual relationships. But our lives are meant to show that one can live an extremely joyful and fulfilling life while not having sexual relations. I had no idea how joyful my life could be as a priest.
 
What our hearts are seeking is intimacy. The world equates intimacy with sex. But true intimacy is meeting another human being at the deepest level of the heart. As a priest, I have intimacy with God in prayer, celebrating the Eucharist and holding Jesus in my hands, hearing confessions, counseling people, being invited to dinner in homes, and being involved in the most important times of their lives. Our lives point people to heaven where there will be no marriage, and God will be our all in all.
 
My personal belief is that in heaven we will be surrounded by our family, friends and all that bring us joy. Heaven will be pure joy. When people have died and come back to life, they almost always report they saw their loved ones in heaven. And once they met Jesus or were drawn by the “light” they did not want to come back. So develop these relationships while here on earth and they will all be perfected in heaven.
 
Am I living out my vocation in joy and intimacy?
Am I preparing myself for heaven by making Jesus the center of my life now?
Am I loving intensely the people God has placed in my life to prepare my heart for heaven?
 
Have a blessed day!
Fr. Burke
 
Spanish translation:
 
MARCOS 12:18-27
En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús algunos de los saduceos, los cuales afirman que los muertos no resucitan, y le dijeron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito que si un hombre muere dejando a su viuda sin hijos, que la tome por mujer el hermano del que murió, para darle descendencia a su hermano. Había una vez siete hermanos, el primero de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo se casó con la viuda y murió también, sin dejar hijos; lo mismo el tercero. Los siete se casaron con ella y ninguno de ellos dejó descendencia. Por último, después de todos, murió también la mujer. El día de la resurrección, cuando resuciten de entre los muertos, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque fue mujer de los siete”.
 
Jesús les contestó: “Están en un error, porque no entienden las Escrituras ni el poder de Dios. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres tendrán mujer ni las mujeres marido, sino que serán como los ángeles del cielo. Y en cuanto al hecho de que los muertos resucitan, ¿acaso no han leído en el libro de Moisés aquel pasaje de la zarza, en que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Están, pues, muy equivocados”.
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Esta lectura del Evangelio de Marcos siempre trae muchas preguntas, especialmente para aquellos que están felizmente casados. Los saduceos le traen una pregunta a Jesús acerca de una mujer que se ha casado con siete hermanos después de que el anterior ha muerto. “El día de la resurrección, cuando resuciten de entre los muertos, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque fue mujer de los siete.”
 
Jesús les responde diciendo: “cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres tendrán mujer ni las mujeres marido, sino que serán como los ángeles del cielo.” En otras palabras, Jesús les dice que no hay matrimonio en el cielo.
 
Para aquellos que están felizmente casados y quieren estar con su cónyuge en el cielo, no se asusten. En primer lugar, Jesús no está denigrando el matrimonio. El matrimonio nos da una idea del amor de Dios. El hombre está llamado a amar a su cónyuge como Jesús amó a la Iglesia, al dar su vida por ella. El matrimonio es sostenido por Dios y la Iglesia como algo hermoso. Es el lugar ideal para que la vida nazca y para que los niños sean criados en la fe. El objetivo del matrimonio es para que ayudes a tu cónyuge a llegar al cielo. Y si Dios les concede hijos, ayudar a que tus hijos lleguen al cielo. El matrimonio es una vocación maravillosa y necesaria aquí en la tierra.
 
Sin embargo, cuando lleguemos al cielo, Dios va a satisfacer nuestros deseos más profundos. En la tierra, nuestras relaciones con otras personas nos dan vislumbres del amor de Dios. Pero en el cielo, veremos al Señor cara a cara. Dios será nuestro todo en todo. Cada fibra de nuestro ser se cumplirá al estar en la presencia de Dios.
 
Es por eso que el mundo necesita sacerdotes célibes, hermanos, hermanas y laicos consagrados. Nuestras vidas vuelven locas a algunas personas. Ellos no entienden cómo podemos vivir sin tener relaciones sexuales. Sin embargo, nuestras vidas son para demostrar que uno puede vivir una vida muy alegre y satisfactoria sin tener relaciones sexuales. No tenía ni idea de que tan alegre podría ser mi vida como sacerdote.
 
Lo que nuestros corazones están buscando es intimidad. El mundo iguala la intimidad con el sexo. Pero la verdadera intimidad es encontrar a otro ser humano en el nivel más profundo del corazón. Como sacerdote, tengo intimidad con Dios en la oración, celebrando la Eucaristía y sosteniendo a Jesús en mis manos, escuchando confesiones, aconsejando a la gente, ser invitado a cenar en los hogares, y estar involucrado en los momentos más importantes de sus vidas. Nuestras vidas apuntan a la gente hacia el cielo, donde no habrá matrimonio, y Dios será nuestro todo en todo.
 
Mi creencia personal es que en el cielo estaremos rodeados de nuestra familia, amigos y todo lo que nos trae alegría. El cielo será alegría pura. Cuando las personas han muerto y vuelto a la vida, casi siempre reportan que vieron a sus seres queridos en el cielo. Y una vez que se encontraron con Jesús o fueron atraídos por la “luz” no querían volver. Así que, desarrolla estas relaciones mientras que estas aquí en la tierra y todas ellas serán perfeccionadas en el cielo.
 
¿Estoy viviendo mi vocación en alegría e intimidad?
¿Estoy preparándome para el cielo haciendo de Jesús el centro de mi vida?
¿Estoy amando intensamente a la gente que Dios ha puesto en mi vida para preparar mi corazón para el cielo?
 
¡Que tengas un día bendecido!
Padre Burke

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