Posted by: frburke23 | June 11, 2016

Thought for 11th Sunday in Ordinary Time

Luke 7:36-50
 
A certain Pharisee invited Jesus to dine with him,
and he entered the Pharisee’s house and reclined at table.
Now there was a sinful woman in the city
who learned that he was at table in the house of the Pharisee.
Bringing an alabaster flask of ointment,
she stood behind him at his feet weeping
and began to bathe his feet with her tears.
Then she wiped them with her hair,
kissed them, and anointed them with the ointment.
When the Pharisee who had invited him saw this he said to himself,
“If this man were a prophet,
he would know who and what sort of woman this is who is touching him,
that she is a sinner.”
Jesus said to him in reply,
“Simon, I have something to say to you.”
“Tell me, teacher,” he said.
“Two people were in debt to a certain creditor;
one owed five hundred days’ wages and the other owed fifty.
Since they were unable to repay the debt, he forgave it for both.
Which of them will love him more?”
Simon said in reply,
“The one, I suppose, whose larger debt was forgiven.”
He said to him, “You have judged rightly.”
Then he turned to the woman and said to Simon,
“Do you see this woman?
When I entered your house, you did not give me water for my feet,
but she has bathed them with her tears
and wiped them with her hair.
You did not give me a kiss,
but she has not ceased kissing my feet since the time I entered.
You did not anoint my head with oil,
but she anointed my feet with ointment.
So I tell you, her many sins have been forgiven;
hence, she has shown great love.
But the one to whom little is forgiven, loves little.”
He said to her, “Your sins are forgiven.”
The others at table said to themselves,
“Who is this who even forgives sins?”
But he said to the woman,
“Your faith has saved you; go in peace.”
_________________________________
This woman who was known as a great sinner came to Jesus to seek forgiveness. She showed Him great love by anointing His feet with oil and washing His feet with her tears. The Pharisee, who was probably well known in society, could not believe that Jesus allowed this sinful woman to even touch Him.
So Jesus took the opportunity to teach them with the parable of the creditor who forgave the debts of two people who owed him money – one debtor owed 10 times the other debtor. “Which of them will love him more?” Jesus asks. Of course, the person who owed more money would love the creditor more because of the huge debt that was forgiven.
We see this story in Scripture several times. Jesus forgives people of their sins and they often become the greatest evangelizers – the woman at the well, the woman caught in adultery, Matthew the tax collector, etc. The list goes on and on. When people have an encounter with Jesus and experience His love and mercy, their lives are never the same. Jesus awaits me and you with His arms open wide. Yes we are sinners. And yet He loves us anyway and can’t wait to forgive us.
 
Before I became Catholic I was always taught to take my sins straight to God, which I did. However, I first made a sacramental confession at the age of 27 while at a Cursillo retreat. God can forgive sins in many different ways, but there is something very powerful about the Sacrament of Reconciliation. As human beings with bodies and souls, we need to voice our sins out loud and then hear the words of forgiveness through the priest, God’s instrument of mercy and love. When I went to confession for the first time, I finally felt forgiven. It was such a healing experience for me and my life has never been the same. That encounter with the mercy of God in confession started me on a path of evangelization to share with others the power of God’s mercy.
 
As a priest, I view the Sacrament of Reconciliation as one of the most important things I can do. The Lord Jesus wants to encounter His people and touch them with His love and mercy. I have seen lives, like my own, completely changed by His grace and mercy. I can actually sense God’s love and mercy come through my being and out to the person confessing their sins. It is an amazing privilege and something I hope I never take for granted.
 
When was the last time you encountered God’s mercy in the Sacrament of Reconciliation?
How has your life been changed by encountering the mercy of God?
 
He who has been forgiven much loves much. May we seek God’s mercy today and then go out and share this message with the world.
 
Have a great day!
Fr. Burke
 
Here is the Spanish translation:
 
Lucas 7:36-50
En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas bañaba sus pies, los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume.
 
Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: “Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora”.
 
Entonces Jesús le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. El fariseo contestó: “Dímelo, Maestro”. Él le dijo: “Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios y el otro, cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?” Simón le respondió: “Supongo que aquel a quien le perdonó más”.
 
Entonces Jesús le dijo: “Has juzgado bien”. Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama”. Luego le dijo a la mujer: “Tus pecados te han quedado perdonados”.
 
Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: “¿Quién es éste, que hasta los pecados perdona?” Jesús le dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado; vete en paz”.
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Esta mujer era bien conocida como una gran pecadora que vino a Jesús de buscar el perdón. Ella le mostró un gran amor al ungirle sus pies con aceite y lavar sus pies con sus lágrimas. El fariseo, quien era probablemente bien conocido en la sociedad, no podía creer que Jesús permitiera que esta mujer pecadora siquiera pudiera tocarlo.
Así que Jesús tuvo la oportunidad de enseñar con la parábola del acreedor que perdonó las deudas de dos personas que le debían dinero – un deudor le debía 10 veces más que el otro deudor. “¿Quién de ellos le amará más?” Jesús pregunta. Por supuesto, la persona que le debe más dinero le amaría más al acreedor debido a la enorme deuda que le fue perdonada.
Vemos en esta historia en la Sagrada Escritura varias veces. Jesús perdona a personas de sus pecados y a menudo ellos se convierten en los grandes evangelizadores – la mujer Samaritana en el pozo, la mujer sorprendida en adulterio, Mateo, el recaudador de impuestos, etc. La lista podría seguir y seguir y no terminar. Cuando las personas tienen un encuentro con Jesús y experimentar su amor y su misericordia, sus vidas nunca vuelven a ser las mismas. Jesús nos espera a ti y a mí con los brazos abiertos. Sí, somos pecadores. Y sin embargo, Él nos ama y no puede esperar para perdonarnos.
Antes de convertirme al catolicismo siempre me enseñaron a confesar mis pecados directamente a Dios, y eso fue lo que siempre hice. Sin embargo, la primera vez que hice la confesión sacramental a la edad de 27 años, mientras estaba en un retiro de Cursillos. Dios puede perdonar los pecados de muchas maneras diferentes, pero en ese preciso momento de la confesión (absolución) yo sabía que hay algo muy poderoso en el Sacramento de la Reconciliación. Como seres humanos compuestos de cuerpo y alma, necesitamos expresar nuestros pecados en voz alta y luego escuchar las palabras de perdón a través del sacerdote en el momento de la absolución sacramental, ya que él es instrumento de la misericordia y el amor de Dios. Cuando fui a la confesión, por primera vez, me sentí finalmente perdonado. Fue una experiencia de sanación para mí y mi vida que nunca ha sido la misma desde aquel momento. Ese encuentro personal con la misericordia de Dios en la confesión dio inició en mí un camino de evangelización para compartir con los demás el poder de la misericordia de Dios.
Como sacerdote, puedo ver el Sacramento de la Reconciliación como una de las cosas más importantes que puedo hacer. El Señor Jesús quiere encontrarse con su pueblo y tocarlos con su amor y su misericordia. He visto vidas, como la mía, que han cambiado por completo la gracia y misericordia de Dios. De hecho, puedo sentir el amor y la misericordia que vienen de Dios y pasa a través de mí ser hacia a la persona que está confesando sus pecados. Es un privilegio increíble y algo que espero nunca dar por hecho.
¿Cuándo fue la última vez que se encontró con la misericordia de Dios en el Sacramento de la Reconciliación?
¿Cómo ha cambiado su vida cuando se ha encontrado con la misericordia de Dios?
El que ha sido perdonado mucho ama mucho. Podemos buscar hoy la misericordia de Dios y luego salir y compartir este mensaje con el mundo
Que tenga un día bendecido!
Padre Burke

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