Posted by: frburke23 | June 15, 2016

Thought for Wednesday, 11th Week of Ordinary Time

2 KINGS 2:1, 6-14
When the LORD was about to take Elijah up to heaven in a whirlwind,
he and Elisha were on their way from Gilgal.
Elijah said to Elisha, “Please stay here;
the LORD has sent me on to the Jordan.”
“As the LORD lives, and as you yourself live,
I will not leave you,” Elisha replied.
And so the two went on together.
Fifty of the guild prophets followed and
when the two stopped at the Jordan,
they stood facing them at a distance.
Elijah took his mantle, rolled it up
and struck the water, which divided,
and both crossed over on dry ground.
 
When they had crossed over, Elijah said to Elisha,
“Ask for whatever I may do for you, before I am taken from you.”
Elisha answered, “May I receive a double portion of your spirit.”
“You have asked something that is not easy,” Elijah replied.
“Still, if you see me taken up from you,
your wish will be granted; otherwise not.”
As they walked on conversing,
a flaming chariot and flaming horses came between them,
and Elijah went up to heaven in a whirlwind.
When Elisha saw it happen he cried out,
“My father! my father! Israel’s chariots and drivers!”
But when he could no longer see him,
Elisha gripped his own garment and tore it in two.
 
Then he picked up Elijah’s mantle that had fallen from him,
and went back and stood at the bank of the Jordan.
Wielding the mantle that had fallen from Elijah,
Elisha struck the water in his turn and said,
“Where is the LORD, the God of Elijah?”
When Elisha struck the water it divided and he crossed over.
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Today we read from the 2nd book of Kings the story of Elijah literally handing on his mantle to Elisha. In the Old Testament, the prophets were cloaked with the mantle representing God’s call and authority. Elijah was handing on this call and authority to Elisha. Some even say that the “mantle that had fallen from” Elijah represents how the Holy Spirit descended upon the apostles in the New Testament. Elisha then “wielding the mantle that had fallen from Elijah,” was able to part the waters with the power given to him through the mantle.
 
This is a reminder that all of us who are baptized have received the Holy Spirit along with our vocation, or calling in life. We also receive the authority of God through the Holy Spirit to do things that seem humanly impossible, like Elisha parting the waters. It is a call for each of us to stir up the Holy Spirit within us through our prayer, study and acts of charity.
 
This story also reminds me of the importance to hand on our faith to others. This is not just a nice idea, but it is the responsibility of each one of us to pass on to our children and others what we have received from God. Our faith is not just meant for us alone, but it is to be passed on from one generation to the next. So we should ask ourselves these questions:
 
Do I take my faith seriously by regular prayer, study and works of charity?
 
Do I ask that the fire of the Holy Spirit come alive in me so that God’s work is done in the world?
 
Do I intentionally pass on my faith to my children and others around me to ensure the faith continues in the next generation?
 
Have a blessed day!
Fr. Burke
 
Spanish translation:
2 Reyes 2, 1. 6-14
Esto fue lo que sucedió cuando el Señor iba a arrebatar a Elías en un remolino hacia el cielo. Ese día Elías y Eliseo habían salido de Guilgal. Al llegar a Jericó, Elías le dijo a Eliseo: “Quédate aquí, porque el Señor me envía al Jordán”. Respondió Eliseo: “Por Dios y por tu vida que no te dejaré ir solo”. Y se fueron los dos juntos.
 
Los acompañaban cincuenta hombres de la comunidad de los profetas, los cuales, al llegar Elías y Eliseo a la orilla del Jordán, se detuvieron a cierta distancia de ellos. Elías tomó su manto, lo enrolló y con él golpeó las aguas; éstas se separaron a un lado y a otro, y ambos pasaron el río sin mojarse.
 
Después de cruzar, Elías le dijo a Eliseo: “Pídeme lo que quieras que haga por ti, antes de que sea arrebatado de tu lado”. Respondió Eliseo: “Que sea el heredero principal de tu espíritu”. Le dijo Elías: “Es difícil lo que pides; pero si alcanzas a verme, cuando sea arrebatado de tu lado, lo obtendrás; si no, no lo obtendrás”.
 
Siguieron caminando y conversando, cuando un carro de fuego, con caballos de fuego, se interpuso entre ellos, y Elías subió al cielo en un remolino. Eliseo lo veía alejarse y le gritaba: “¡Padre mío, padre mío, carro y auriga de Israel!”
 
Y ya no lo volvió a ver. Entonces se rasgó las vestiduras, recogió el manto que se le había caído a Elías, regresó y se detuvo en la orilla del Jordán. Tomó el manto de Elías y golpeó con él las aguas, y no se separaron. Entonces dijo: “¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías?” Volvió a golpear las aguas y entonces se separaron a un lado y a otro, y pasó Eliseo.
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Hoy leemos en el segundo libro de los Reyes la historia de Elías, literalmente, la entrega de su manto a Eliseo. En el Antiguo Testamento, los profetas estaban cubiertos con el manto que representa la llamada y la autoridad de parte de Dios. Elías estaba entregando el llamado y la autoridad a Eliseo. Algunos incluso dicen que el “manto que se le había caído” a Elías representa cómo el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles en el Nuevo Testamento. Eliseo entonces “empuñando el manto que se le había caído a Elías,” fue capaz de dividir las aguas con el poder dado a él a través del manto.
Este es un recordatorio de que todos los que somos bautizados hemos recibido el Espíritu Santo junto con nuestra vocación o llamado en la vida. También recibimos la autoridad de Dios a través del Espíritu Santo para hacer cosas que parecen humanamente imposibles, como Eliseo separó las aguas. Es un llamado a cada uno de nosotros para agitar el Espíritu Santo dentro de nosotros a través de nuestra oración, el estudio y los actos de caridad.
Esta historia me recuerda también la importancia de entregar nuestra fe a los demás. Esto no es sólo una buena idea, pero es responsabilidad de cada uno de nosotros para transmitir a nuestros hijos y otras personas lo que hemos recibido de parte de Dios. Nuestra fe en Dios no es solamente para nosotros solos, pero es nuestra responsabilidad que se transmita de nuestra generación a la siguiente. Así que debemos hacernos las siguientes preguntas:
 
¿Tomo mi fe en serio con la oración regular, el estudio y las obras de caridad?
 
¿Pido que el fuego del Espíritu Santo venga a mí y viva en mí, para que la obra de Dios se lleve a cabo en el mundo?
 
¿Cómo puedo pasar intencionadamente a mi fe a mis hijos y otras personas a mi alrededor para asegurar que la fe continúe a la próxima generación?
 
Tenga un día bendecido!
P. Burke

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