Posted by: frburke23 | June 28, 2016

Thought for June 29 – Solemnity of Sts. Peter & Paul

MATTHEW 16:13-19
When Jesus went into the region of Caesarea Philippi
he asked his disciples,
“Who do people say that the Son of Man is?”
They replied, “Some say John the Baptist, others Elijah,
still others Jeremiah or one of the prophets.”
He said to them, “But who do you say that I am?”
Simon Peter said in reply,
“You are the Christ, the Son of the living God.”
Jesus said to him in reply, “Blessed are you, Simon son of Jonah.
For flesh and blood has not revealed this to you, but my heavenly Father. And so I say to you, you are Peter,
and upon this rock I will build my Church,
and the gates of the netherworld shall not prevail against it.
I will give you the keys to the Kingdom of heaven.
Whatever you bind on earth shall be bound in heaven;
and whatever you loose on earth shall be loosed in heaven.”
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Today the Church remembers two pillars of the Church – Peter and Paul. Peter was commissioned to be the apostle to the Jews, while Paul was sent to the Gentiles. Together they helped spread the Good News of Jesus Christ, who rose from the dead, to the ends of the world. Peter had walked and talked with Jesus and was directly given the keys to the Kingdom. Paul met Jesus on the road to Damascus; this encounter the risen Christ definitely changed his life.
 
It is very possible that you and I are Christians because of the zeal, passion and fortitude of Peter or Paul. These two men risked their very lives so that as many people as possible would come to know and believe in Jesus. Eventually they both were martyred.
 
Besides their zeal for souls and their martyrdom, Peter and Paul share something else in common – human sinfulness.
 
Peter, who was the first to proclaim that Jesus was the anointed one (Christ) of God, once said that he would never deny Christ. (see Mark 14:31) And yet, when Jesus was arrested and the pressure increased, Peter denied Christ three times near a charcoal fire. After the resurrection, Jesus made a charcoal fire on the seashore and asked him three times, “Peter, do you love me?” (John 21) After this merciful encounter with the risen Christ, Peter gave everything to spread the Good News. He even was crucified like Jesus, but only upside down.
 
St. Paul participated in the persecution of Christians before his conversion. And even after his encounter with Christ, he admitted that he did the things he didn’t want to do and did not do the things he should (Romans 7:15). He was very human, like me and you. And yet, he evangelized with energy, strength and zeal, inspired by the Holy Spirit. He eventually was beheaded after traveling tirelessly to share the good news.
 
These two men inspire me greatly when I think about what they endured to share the Good News. Inspired by the Holy Spirit and their own encounters with the Lord, they gave everything, despite their own human weakness.
 
Have I encountered the risen Christ?
Do I offer the Lord my own weakness and sinful nature for His healing and purification?
Do I have a passion in my heart for others to know Jesus?
Has Jesus changed my life to the point that I’m willing to give everything for Him?
 
Have a blessed day!
Fr. Burke
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Spanish translation:
 
MATTHEW 16:13-19
En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”.
 
Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.
 
Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.
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Hoy la Iglesia recuerda a dos pilares de la Iglesia – Pedro y Pablo. Pedro fue el encargado de ser el apóstol de los Judíos, mientras que Pablo fue enviado a los gentiles. Juntos ayudaron a difundir la Buena Nueva de Jesucristo, que resucitó de entre los muertos hasta los confines del mundo. Pedro había caminado y hablado con Jesús y se le dio directamente las llaves del Reino. Pablo se encontró con Jesús en el camino a Damasco; este encuentro de Cristo resucitado definitivamente cambió su vida.
 
Es muy posible que tú y yo seamos cristianos por el celo, la pasión y la fortaleza de Pedro y Pablo. Estos dos hombres arriesgaron sus propias vidas para que el mayor número posible de personas pudieran llegar a conocer y creer en Jesús. Eventualmente ambos fueron martirizados.
 
Además de su celo por las almas y su martirio, Pedro y Pablo comparten algo más en común – el pecado humano.
 
Pedro, que fue el primero en proclamar que Jesús era el ungido (Cristo) de Dios, una vez dijo que nunca negaría a Cristo. (Ver Marcos 14:31) Y sin embargo, cuando Jesús fue arrestado y la presión aumentó, Pedro negó a Cristo tres veces cerca de un fuego de carbón. Después de la resurrección, Jesús hizo un fuego de carbón a la orilla del mar y le preguntó tres veces: “Pedro, ¿me amas?” (Juan 21) Después de este encuentro misericordioso con el Cristo resucitado, Pedro dio todo para difundir la Buena Nueva. Incluso fue crucificado como Jesús, pero al revés.
 
San Pablo participó en la persecución de los cristianos antes de su conversión. E incluso después de su encuentro con Cristo, él admitió que él hizo las cosas que no quería hacer y no hizo las cosas que debía hacer (Romanos 7:15). Era muy humano, como tú y yo. Y sin embargo, él evangelizó con energía, fuerza y celo, inspirado por el Espíritu Santo. Eventualmente fue decapitado después de viajar sin descanso para compartir la buena nueva.
 
Estos dos hombres me inspiran grandemente cuando pienso en lo que soportaron para compartir la Buena Nueva. Inspirados por el Espíritu Santo y sus propios encuentros con el Señor, lo dieron todo, a pesar de su propia debilidad humana.
 
¿Me he encontrado con el Cristo resucitado?
¿Le ofrezco al Señor mi propia debilidad y naturaleza pecaminosa para Su sanación y purificación?
¿Tengo una pasión en mi corazón para que otros conozcan a Jesús?
¿Ha cambiado Jesús mi vida hasta el punto en que estoy dispuesto a darlo todo por El?
 
¡Que tengas un día bendecido!
Padre Burke
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