Posted by: frburke23 | July 19, 2016

Thought for Tuesday, 16th Week in Ordinary Time

Matthew 12:46-50
 
While Jesus was speaking to the crowds,
his mother and his brothers appeared outside,
wishing to speak with him.
Someone told him, “Your mother and your brothers are standing outside,
asking to speak with you.”
But he said in reply to the one who told him,
“Who is my mother? Who are my brothers?”
And stretching out his hand toward his disciples, he said,
“Here are my mother and my brothers.
For whoever does the will of my heavenly Father
is my brother, and sister, and mother.”
__________________________________
Many people point to this Gospel to try to prove that Jesus had blood brothers and that Mary was not always a virgin. “Brothers” was a term that was used during Jesus’ time to include cousins and other relatives. They were a tribal people (the twelve tribes of Israel). Everyone in the tribe was considered a brother or sister. Plus, the whole point of this Scripture is how WE become part of the family of Jesus – “For whoever does the will of my heavenly Father is my brother, and sister, and mother.”
Jesus’ inheritance is everlasting life with His Father. God the Father wants the same inheritance for me and you! According to this Scripture, we become adopted sons and daughters of God the Father when we follow the will of God in our lives. Thus, we too inherit everlasting life by becoming children of God through our baptism and continual conversion as we attempt to live out God’s will for us.
This begs the question: If following God’s will is so important, how do I know God’s will for me? This is a complicated question because God’s will is so personal for each one of us. At the same time, it is the goal of the spiritual life. God has a plan for each one of us to carry out. He has given each one of us special gifts and talents for a purpose. I cannot tell you what God’s will is for you, but I can give you tools to help you discern God’s will. This is what I have been doing for the last ten years as vocation director.
 
1) The first step is to grow in holiness. We are all called to holiness – every single one of us. Holiness is becoming more and more like Jesus Christ every day. Here are some ways to do that…
 
2) Pray constantly, asking God to make His will know to you. Ask the Holy Spirit to enlighten you and lead you. An important part of prayer is LISTENING in silence.
 
3) Get a spiritual director or companion – someone who has experience and wisdom in discerning God’s will – to help you on this journey. We can justify anything, but we need an objective voice to help guide us.
 
4) Participate often in the Sacraments of Eucharist and Reconciliation. These are very personal encounters with Jesus Christ that allow us to grow in holiness and in a deeper relationship with Christ. I recommend daily Mass if possible and confession every 2-4 weeks.
 
5) Read the Bible. This is the Living Word of God and it speaks to each of us in very personal ways. In the Scriptures we learn about the person of Jesus Christ and we begin to recognize His voice within us. I recommend reading the daily Mass readings every day as part of your prayer.
 
6) Stay close to Mary, Jesus’ mother. She is the first and best disciple of Christ because she, above all others, followed the will of the Father. Let us follow her example of discipleship and her YES to God. Pray the rosary and meditate upon the mysteries of Jesus’ life, death, resurrection and ascension.
 
7) Read other good books that feed your soul. Read books about the lives of the saints. Like me and you, they were normal people who lived heroic virtue through the grace of God.
 
8) Surround yourselves with other strong Christians who help you live your faith. Community is so important. We usually become like the people with whom we spend the most time.
How are you doing in your spiritual life?
Are you growing in holiness?
Are you practicing some of these spiritual exercises?
Have you found the will of God in your life?
Have a great day!
fr. Burke
 
Spanish translation:
 
 
Mateo 12, 46-50
En aquel tiempo, Jesús estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus parientes se acercaron y trataban de hablar con él. Alguien le dijo entonces a Jesús: “Oye, ahí fuera están tu madre y tus hermanos, y quieren hablar contigo”.
 
Pero él respondió al que se lo decía: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Y señalando con la mano a sus discípulos, dijo: “Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.
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Muchas personas señalan a este Evangelio para tratar de demostrar que Jesús tenía hermanos de sangre y que María no fue siempre virgen. La palabra “Hermanos” era un término que se utilizaba durante el tiempo de Jesús para incluir a los primos y otros parientes. Eran un pueblo tribal (las doce tribus de Israel). Todo el mundo en la tribu se consideraba un hermano o hermana. Además, el punto central de esta Escritura es cómo llegamos a ser parte de la familia de Jesús – “Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre del cielo es mi hermano, y hermana, y madre.”
La herencia de Jesús es la vida eterna con su Padre. ¡Dios Padre quiere la misma herencia para usted y para mí! De acuerdo con este pasaje de la Escritura, llegamos a ser hijos e hijas adoptados de Dios Padre cuando seguimos la voluntad de Dios en nuestras vidas. Por lo tanto, nosotros también heredaremos vida eterna al convertirnos en hijos de Dios por medio de nuestro bautismo y la conversión continua a medida que intentemos vivir la voluntad de Dios en nosotros.
Esto nos plantea la siguiente pregunta: Si la voluntad de Dios siguiente es tan importante, ¿Cómo sé cuál es la voluntad de Dios para mí? Esta es una pregunta complicada porque la voluntad de Dios es tan personal para cada uno de nosotros. Al mismo tiempo, es el objetivo de la vida espiritual. Dios tiene un plan para cada uno de nosotros para llevar a cabo. Se nos ha dado a cada uno de nosotros unos dones y talentos especiales para un propósito. No puedo decir lo que la voluntad de Dios es para usted, pero puedo darle las herramientas para ayudarle a discernir la voluntad de Dios en su vida. Esto es lo que he estado haciendo durante los últimos diez años como director de vocaciones de la Diócesis de Joliet.
1) El primer paso es crecer en santidad. Todos estamos llamados a la santidad – todos y cada uno de nosotros. La santidad es ser más y más como Jesucristo todos los días. Aquí hay algunas maneras de hacer eso…
 
2) Orar constantemente, pidiendo a Dios hacer su voluntad para que usted sepa hacerla. Pida al Espíritu Santo que le ilumine y le guie. Una parte importante de la oración es escuchar en silencio.
 
3) Tenga un director espiritual – alguien que tenga la experiencia y la sabiduría para discernir la voluntad de Dios – para ayudarle en este viaje hacia el cielo. Podemos justificar cualquier cosa, pero necesitamos una voz objetiva para que nos ayude a guiarnos.
 
4) Participe a menudo en los sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación. En estos sacramentos tenemos un encuentro muy personal con Jesucristo, y ellos nos permiten crecer en santidad y en una relación más profunda con Cristo. Recomiendo la misa diaria si es posible y la confesión entre cada 2-4 semanas.
 
5) Lea la Biblia. Esta es la Palabra Viva de Dios y nos habla a cada uno de nosotros de maneras muy personales. En las Escrituras aprendemos acerca de la persona de Jesucristo y comenzamos a reconocer su voz dentro de nosotros. Recomiendo la lectura de las lecturas diarias misa todos los días como parte de su oración.
 
6) Manténgase cerca de María, la Madre de Jesús. Ella es la primera y mejor discípula de Cristo porque, por encima de todos los demás, siguió la voluntad del Padre. Sigamos su ejemplo de discipulado y su sí firme y sostenido a Dios. Rece el rosario y medite sobre los misterios de la vida de Jesús, muerte, resurrección y ascensión.
 
7) Leer otros libros buenos que alimentan el alma. Lea libros sobre la vida de los santos. Al igual que tú y yo, ellos eran personas normales que vivieron una vida de virtud heroica a través de la gracia de Dios.
8) Rodéese con otros cristianos fuertes que le ayuden a vivir su fe. La comunidad es muy importante. Por lo general, llegamos a ser como las personas con las que pasamos la mayor parte del tiempo.
¿Cómo le va en su vida espiritual?
¿Está creciendo en santidad?
¿Está practicando algunos de estos ejercicios espirituales?
¿Ha encontrado la voluntad de Dios en su vida?
 
Que tenga un día fantástico!
P. Burke

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