Posted by: frburke23 | August 1, 2016

Thought for Monday, 18th Week in Ordinary Time

Matthew 14:13-21
 
When Jesus heard of the death of John the Baptist,
he withdrew in a boat to a deserted place by himself.
The crowds heard of this and followed him on foot from their towns.
When he disembarked and saw the vast crowd,
his heart was moved with pity for them, and he cured their sick.
When it was evening, the disciples approached him and said,
“This is a deserted place and it is already late;
dismiss the crowds so that they can go to the villages
and buy food for themselves.”
He said to them, “There is no need for them to go away;
give them some food yourselves.”
But they said to him,
“Five loaves and two fish are all we have here.”
Then he said, “Bring them here to me,’
and he ordered the crowds to sit down on the grass.
Taking the five loaves and the two fish, and looking up to heaven,
he said the blessing, broke the loaves,
and gave them to the disciples,
who in turn gave them to the crowds.
They all ate and were satisfied,
and they picked up the fragments left over—
twelve wicker baskets full.
Those who ate were about five thousand men,
not counting women and children.
________________________________________________
Please pray for all of our seminarians who will be on retreat this week with Fr. Joseph Carola, SJ as the retreat master. Our goal is to grow in holiness and also to build fraternity among the seminarians of our diocese. Be assured of our prayers for you while on retreat.
 
Today we see both the human nature and the divine nature of Christ. Jesus is mourning the loss of his cousin John the Baptist and wants to go to a deserted place to grieve. This is so human and reminds us of Jesus weeping when he heard of Lazarus’ death. Those who have lost a loved one know this need to be alone for a time of grieving. Jesus has experienced all the emotions we experience as human beings.
But they didn’t allow Jesus to be alone for the crowds sought Him out. He was such a powerful teacher and preacher that they always wanted to be around Him. They were hungry for something or someone. They weren’t sure what they were looking for but Jesus was meeting a deep desire in their hearts. And in His infinite love and mercy, Jesus left the solitude he was seeking to grieve, and continued to give Himself wholeheartedly to the people. And their hearts were satisfied by Jesus.
 
Our hearts can only be satisfied by Jesus, the infinite One. Yet, we try to fill our hearts with things that are finite. We seek Jesus every day, but we don’t often know where to look.
 
Jesus felt pity for them (another human feeling) and healed the sick. Just so, the Lord looks upon us when we are sick (physically and spiritually). He wants to heal us from all of our wounds. He desires for us true freedom from our woundedness.
And then Jesus shows His divinity as He multiplies the five loaves and two fish to feed thousands of people, with plenty left over. He takes the small gifts given to Him and multiplies them in abundance. That is how the Lord loves us – abundantly. He wants to feed us, nourish us, heal us, abide in us. And he takes our meager gifts and multiplies them abundantly.
Do I seek the Lord in the Word of God every day?
Do I seek the Lord in the Eucharist daily or at least weekly?
Do I seek the Lord in silent prayer each day?
 
Let us take time today to reflect on how much God loves us. He experienced life as a human being. He loves us as our God and creator.
Have a blessed day!
Fr. Burke
 
Spanish translation:
Mateo 14, 13-21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.
 
Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. El les dijo: “Tráiganmelos”.
 
Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.
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Por favor oren por todos nuestros seminaristas que estarán en retiro esta semana con el padre Joseph Carola, SJ quien es el director del retiro. Nuestro objetivo es crecer en santidad y también construir la fraternidad entre los seminaristas de nuestra diócesis. Tengan la plena seguridad de que vamos a orar por usted, mientras estamos en nuestro retiro.
Hoy vemos ambas naturalezas humana y divina en Cristo. Jesús está de luto por la pérdida de su primo Juan el Bautista y quiere ir a un lugar solitario para llorar. Esto es tan humano y nos recuerda a Jesús que llora cuando se enteró de la muerte de Lázaro. Aquellos que han perdido un ser querido saben la necesidad de estar solos durante un tiempo de duelo. Jesús ha experimentado todas las emociones que experimentamos como seres humanos.
 
Pero ellos no le permiten a Jesús que este solo porque las multitudes lo buscaban. El era como un poderoso maestro y predicador que siempre querían estar cerca de él. Ellos estaban hambrientos de algo o mejor dicho de alguien. No estaban seguros de lo que estaban buscando, pero Jesús se reunía con ellos en un profundo deseo en sus corazones. Y en su amor y su misericordia infinita, Jesús salió de la soledad que buscaba para llorar, y continuó para darse el mismo de todo corazón a las personas. Y sus corazones se mostraron satisfechos por Jesús.
Nuestros corazones sólo pueden ser satisfechas por Jesús, el amor infinito. Sin embargo, tratamos de llenar nuestro corazón de las cosas que son finitas. Buscamos a Jesús todos los días, pero a menudo no sabemos dónde buscar.
Jesús sintió compasión de ellos (otro sentimiento humano) y curó a los enfermos. Sólo así, el Señor nos mira cuando estamos enfermos (física y espiritualmente). Él quiere sanarnos de todas nuestras heridas. Él quiere para nosotros la verdadera libertad de nuestras heridas.
 
Entonces Jesús muestra su divinidad como Él multiplica los cinco panes y dos peces para alimentar a miles de personas, con un montón de sobra. El toma los pequeños regalos que le damos y los multiplica en abundancia. Así es como el Señor nos ama – en abundancia. Él nos quiere alimentar, nutrirnos, sanarnos, permanecer en nosotros. Y él toma nuestros escasos dones y los multiplica abundantemente.
¿Busco al Señor en la Palabra de Dios todos los días?
¿Busco al Señor en la Eucaristía diaria o semanalmente como mínimo?
¿Busco al Señor en la oración en silencio cada día?
Tomemos tiempo hoy para reflexionar sobre lo mucho que Dios nos ama. Él experimentó la vida como un ser humano. Él nos ama como nuestro Dios y creador.
 
Que tenga un buen dia,
P. Burke

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