Posted by: frburke23 | August 12, 2016

Thought for Friday, 19th Week in Ordinary Time

Matthew 19:3-12
Some Pharisees approached Jesus, and tested him, saying,
“Is it lawful for a man to divorce his wife for any cause whatever?”
He said in reply, “Have you not read that from the beginning
the Creator made them male and female and said,
For this reason a man shall leave his father and mother
and be joined to his wife, and the two shall become one flesh?
So they are no longer two, but one flesh.
Therefore, what God has joined together, man must not separate.”
They said to him, “Then why did Moses command
that the man give the woman a bill of divorce and dismiss her?”
He said to them, “Because of the hardness of your hearts
Moses allowed you to divorce your wives,
but from the beginning it was not so.
I say to you, whoever divorces his wife
(unless the marriage is unlawful)
and marries another commits adultery.”
His disciples said to him,
“If that is the case of a man with his wife,
it is better not to marry.”
He answered, “Not all can accept this word,
but only those to whom that is granted.
Some are incapable of marriage because they were born so;
some, because they were made so by others;
some, because they have renounced marriage
for the sake of the Kingdom of heaven.
Whoever can accept this ought to accept it.”
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This is a challenging Gospel for us to hear. Most of us have been affected by divorce either personally or through our family in some way. Jesus talks about the importance and sacredness of marriage. Moses allowed divorce because of the people kept pressuring him for it.
 
Marriage is the symbol on earth of the unity between Christ and the Church. It is a sign of God’s love and fidelity. Unfortunately, we live in a broken world and our greatest intentions don’t always turn out the way that we had hoped or planned. Fortunately we have a merciful God who always receives us with open arms.
The Church does allow divorce today, but someone can only get married again with an annulment. There are many misconceptions about annulments. It is not a Catholic divorce.
 
Children do not become illegitimate because of an annulment. An annulment simply says that at the time of the marriage, the two people were not able to receive the Sacrament with full consent. The legal marriage happened. The children are legitimate. The annulment would say that the Sacrament didn’t exist, which would allow the persons to marry again.
 
Some don’t agree with this teaching in the Church, but Jesus is very clear in the Gospel today that if someone divorces and marries again, they commit adultery.
 
This Gospel also hints at celibacy – some renounce marriage for the sake of the Kingdom. Many people ask me, “How can you be celibate and never have a wife or children?” I can only say that it is possible through the grace of God. And not only is it possible with God, but it can be a life of great joy.
 
The same is true of marriage. If marriage is your vocation, the Lord will give you the grace that you need for a life of joy. But as in any vocation, it takes hard work, prayer, sacrificial love and God’s mercy.
Have a blessed weekend!
Fr. Burke
 
Evangelio según San Mateo 19,3-12
 
Se acercaron a él algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: “¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?”.
El respondió: “¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer;
y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne?
De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”.
Le replicaron: “Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?”.
El les dijo: “Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así.
Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio”.
Los discípulos le dijeron: “Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse”.
Y él les respondió: “No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido.
En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!”.
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Este es un evangelio que al escucharlo, nos reta. La mayoría de nosotros ha sido afectada por el divorcio, ya sea personalmente o a través de alguna manera en nuestra familia. Jesús habla de lo sagrado y de la importancia del matrimonio. Moisés permitió el divorcio porque la gente lo seguía presionando.
 
El matrimonio es el símbolo en la tierra de la unidad entre Cristo y la Iglesia. Es un signo del amor y la fidelidad de Dios. Desafortunadamente, vivimos en un mundo roto y nuestras mejores intenciones no siempre resultan como nosotros lo habíamos planeado o esperado. Afortunadamente tenemos un Dios misericordioso que siempre nos recibe con los brazos abiertos.
 
Hoy en día la Iglesia si permite el divorcio, pero solamente se puede nuevamente con una anulación. Hay muchos conceptos erróneos acerca de nulidades. No es un divorcio Católico. Los niños no hacen ilegítimos debido a una anulación. Una anulación simplemente dice que en el momento de la boda, las dos personas no fueron capaces de recibir el Sacramento con pleno consentimiento. El matrimonio legal si ocurrió. Los niños son legítimos. La anulación diría que el sacramento no existió, lo cual permite a las personas casarse de nuevo.
 
Algunos no están de acuerdo con esta enseñanza en la Iglesia, pero Jesús es muy claro en el Evangelio de hoy que si alguien se divorcia y se casa con otra vez, ellos cometen adulterio.
 
Este evangelio también da pistas del celibato – hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. Muchas personas me preguntan “¿cómo puede ser célibe y nunca tener una esposa o hijos?” Sólo puedo decir que es posible a través de la gracia de Dios. Y no sólo es posible con Dios, pero puede ser una vida de gran alegría.
 
Lo mismo es cierto de matrimonio. Si el matrimonio es tu vocación, el Señor te dará la gracia que tú necesitas para tener una vida de alegría. Pero como en cualquier vocación, requiere mucho trabajo, oración, sacrificio de amor y la misericordia de Dios.
 
¡Dios te bendiga!
 
Fr. Burke

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