Posted by: frburke23 | September 10, 2016

Thought for Saturday, 23rd Week in Ordinary Time

1 CORINTHIANS 10:14-22
My beloved ones, avoid idolatry.
I am speaking as to sensible people;
judge for yourselves what I am saying.
The cup of blessing that we bless,
is it not a participation in the Blood of Christ?
The bread that we break,
is it not a participation in the Body of Christ?
Because the loaf of bread is one,
we, though many, are one Body,
for we all partake of the one loaf.
 
Look at Israel according to the flesh;
are not those who eat the sacrifices participants in the altar?
So what am I saying?
That meat sacrificed to idols is anything?
Or that an idol is anything?
No, I mean that what they sacrifice,
they sacrifice to demons, not to God,
and I do not want you to become participants with demons.
You cannot drink the cup of the Lord and also the cup of demons.
You cannot partake of the table of the Lord and of the table of demons.
Or are we provoking the Lord to jealous anger?
Are we stronger than him?
======================
It sounds like St. Paul is talking about the Mass in today’s reading. “The cup of blessing that we bless, is it not a participation in the Blood of Christ? The bread that we break, is it not a participation in the Body of Christ?” When I celebrate Mass, I think of the unbroken chain from the time of the Apostles until now of Mass being celebrated around the world. Do we fully appreciate the gift of the Eucharist that Jesus left us?
 
Every time we celebrate the Eucharist we recall the amazing sacrifice Jesus offered on the cross at Calvary and we also remember the Last Supper. We are transported in time over 2000 years ago. We are reminded of God’s love and His abiding presence among us in the Eucharist. We are never alone. Celebrating the Eucharist is something very sacred.
 
That is why St. Paul was warning the Corinthians against idolatry. It sounds like some of them were participating in pagan sacrifices and also attending Mass. “I mean that what they sacrifice, they sacrifice to demons, not to God, and I do not want you to become participants with demons. You cannot drink the cup of the Lord and also the cup of demons.”
 
We still participate in idolatry today. Some are obvious like playing with the Ouija board or tarot cards. But sometimes it is more subtle. Our work can become an idol. Sports can become an idol. Other people can become idols. We can even become an idol for ourselves. Any time we put someone or something before God it becomes an idol.
 
True worship is placing Jesus at the center of our lives. And participating in Mass helps us to take the focus off of ourselves or other things and place it directly on the Lord. We listen to the inspired word of God and then we reflect upon it. Then we profess our faith and offer our petitions. Then we celebrate the Eucharist and remember Jesus’ sacrificial love. And the culmination occurs when we actually receive Jesus’ Body and Blood in the Eucharist. When we understand what is happening at Mass and have a relationship with the Lord, it never gets boring.
 
Do I truly appreciate the gift of Jesus in the Eucharist?
Do I put anyone or anything before God in my life?
 
Have a blessed weekend!
Fr. Burke
 
Spanish translation:
 
1 CORINTIOS 10:14-22
Queridos hermanos: Huyan de la idolatría. Me dirijo a ustedes como a hombres sensatos; ustedes mismos juzguen lo que voy a decir: El cáliz de la bendición con el que damos gracias, ¿no nos une a Cristo por medio de su sangre? Y el pan que partimos, ¿no nos une a Cristo por medio de su cuerpo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan. Consideren al pueblo de Israel: ¿no es cierto que los que comen de la víctima sacrificada en el altar quedan unidos a él?
 
Con esto no quiero decir que el ídolo represente algo real, ni que la carne ofrecida a los ídolos tenga algún valor especial. Lo que quiero decir es que, cuando los paganos ofrecen sus sacrificios, se los ofrecen a los demonios y no a Dios.
 
Ahora bien, yo no quiero que ustedes se asocien con los demonios. No pueden beber el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios. No pueden compartir la mesa del Señor y la mesa de los demonios. ¿O queremos provocar acaso la indignación del Señor creyéndonos más poderosos que él?
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Suena como que San Pablo está hablando de la misa en la lectura de hoy. “El cáliz de la bendición con el que damos gracias, ¿no nos une a Cristo por medio de su sangre? Y el pan que partimos, ¿no nos une a Cristo por medio de su cuerpo?” Cuando celebro la misa, pienso en la cadena ininterrumpida desde los tiempos de los Apóstoles hasta el momento de la misa que se celebra en todo el mundo. ¿Apreciamos plenamente el regalo de la Eucaristía que Jesús nos dejó?
 
Cada vez que celebramos la Eucaristía recordamos el increíble sacrificio que Jesús ofreció en la cruz del Calvario y también recordamos la Ultima Cena. Nos transporta en el tiempo hace más de 2000 años. Nos recuerda el amor de Dios y Su presencia permanente entre nosotros en la Eucaristía. Nunca estamos solos. Celebrar la Eucaristía es algo muy sagrado.
 
Es por eso que San Pablo estaba advirtiendo a los Corintios contra la idolatría. Suena como si algunos de ellos estaban participando en los sacrificios paganos y también asistiendo a misa. “Lo que quiero decir es que, cuando los paganos ofrecen sus sacrificios, se los ofrecen a los demonios y no a Dios. Ahora bien, yo no quiero que ustedes se asocien con los demonios. No pueden beber el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios”.
 
Todavía participamos en la idolatría hoy en día. Algunos son obvios como jugar con la Ouija o las cartas del tarot. Pero a veces es más sutil. Nuestro trabajo puede convertirse en un ídolo. El deporte puede convertirse en un ídolo. Otras personas pueden convertirse en ídolos. Incluso podemos convertirnos en un ídolo para nosotros mismos. Cada vez que ponemos a alguien o algo delante de Dios se convierte en un ídolo.
 
La verdadera adoración es colocar a Jesús en el centro de nuestras vidas. Y participar en la misa nos ayuda a quitar el enfoque de nosotros mismos o de otras cosas y colocarlo directamente en el Señor. Escuchamos la palabra inspirada de Dios y luego reflexionamos sobre ella. Luego profesamos nuestra fe y ofrecemos nuestras peticiones. Luego celebramos la Eucaristía y recordamos el amor sacrificial de Jesús. Y la culminación ocurre cuando en realidad recibimos el Cuerpo y la Sangre de Jesús en la Eucaristía. Cuando entendemos lo que está sucediendo en la Misa y tenemos una relación con el Señor, nunca se vuelve aburrido.
 
¿Realmente aprecio el regalo de Dios en la Eucaristía?
¿Pongo en mi vida a cualquier persona o cualquier cosa delante de Dios?
 
¡Que tengas un fin de semana bendecido!
Padre Burke

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