Posted by: frburke23 | September 17, 2016

Thought for Saturday, 24th Week in Ordinary Time

1 CORINTHIANS 15:35-37, 42-49
Brothers and sisters:
Someone may say, “How are the dead raised?
With what kind of body will they come back?”
 
You fool!
What you sow is not brought to life unless it dies.
And what you sow is not the body that is to be
but a bare kernel of wheat, perhaps, or of some other kind.
 
So also is the resurrection of the dead.
It is sown corruptible; it is raised incorruptible.
It is sown dishonorable; it is raised glorious.
It is sown weak; it is raised powerful.
It is sown a natural body; it is raised a spiritual body.
If there is a natural body, there is also a spiritual one.
 
So, too, it is written,
“The first man, Adam, became a living being,”
the last Adam a life-giving spirit.
But the spiritual was not first;
rather the natural and then the spiritual.
The first man was from the earth, earthly;
the second man, from heaven.
As was the earthly one, so also are the earthly,
and as is the heavenly one, so also are the heavenly.
Just as we have borne the image of the earthly one,
we shall also bear the image of the heavenly one.
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In today’s first reading, St. Paul continues to teach the Corinthians about the resurrection. They were curious what kind of body we have after the resurrection. This is a common question people have today. Like a “bare kernel of wheat” that dies and produces a new plant, the physical body must die in order to be brought to new and eternal life.
 
And this new body is completely different than the old. The old is corruptible, dishonorable, weak and natural. The new is incorruptible, glorious, powerful and spiritual. This should give us great hope when we struggle with our sinfulness and the weakness of the flesh. Striving for holiness and purity is wonderful and we can look forward to the glories of heaven.
 
Through the first Adam sin and death came into the world. He was of the earth. Through Jesus, the new Adam, salvation and new life have come. He was from heaven.
 
So what does this mean for us today? It gives us great hope that one day we have the opportunity to live with Jesus forever in glory. It is also a call to live a holy and pure life while here on earth. Jesus called us to be “perfect as your heavenly Father is perfect.” We are called to bear the image of Jesus while living on earth. We can actually experience some of the joys of heaven while on earth by following closely the ways of Jesus.
 
How can we bear the image of Jesus while on earth? We can love not only those who love us, but also our enemies. We can seek the will of God above everything, even our own will. We can lay down our lives for others. The more we die to ourselves, the more we experience true life even while we walk this earth.
 
Do I have hope in the resurrection?
How can I die to myself today?
 
God bless,
Fr. Burke
 
Here is the Spanish translation:
 
1 CORINTIOS 15:35-37, 42-49
Hermanos: Hay algunos que preguntan: “¿Cómo resucitan los muertos? ¿Qué clase de cuerpo van a tener?” Es que no se han puesto a pensar que el grano que se siembra tiene que morir, para que nazca la planta. Lo que se siembra no es la planta que va a brotar, sino solamente la semilla, por ejemplo, de trigo o de cualquier otra cosa.
 
Lo mismo sucede en la resurrección de los muertos: se siembra un cuerpo corruptible y resucita incorruptible; se siembra un cuerpo miserable y resucita glorioso; se siembra débil y resucita fuerte; se siembra un cuerpo puramente humano y resucita un cuerpo vivificado por el espíritu divino.
 
Pues si existe un cuerpo puramente humano, también existe un cuerpo vivificado por el espíritu. En efecto, la Escritura dice que el primer hombre, Adán, fue un ser que tuvo vida; el último Adán es espíritu que da la vida. Sin embargo, no existe primero lo vivificado por el Espíritu, sino lo puramente humano; lo vivificado por el Espíritu viene después.
 
El primer hombre, hecho de tierra, es terreno; el segundo viene del cielo. Como fue el hombre terreno, así son los hombres terrenos; como es el hombre celestial, así serán los celestiales. Y del mismo modo que fuimos semejantes al hombre terreno, seremos también semejantes al hombre celestial.
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En la primera lectura de hoy, San Pablo continúa enseñando a los Corintios acerca de la resurrección. Tenían curiosidad de qué tipo de cuerpo tenemos después de la resurrección. Esta es una pregunta común que la gente tiene hoy en día. Como una “simple semilla de trigo” que muere y produce una nueva planta, el cuerpo físico debe morir con el fin de ser llevado a una nueva vida y eterna.
 
Y este nuevo cuerpo es completamente diferente al antiguo. El añejo es corruptible, deshonroso, débil y natural. Lo nuevo es incorruptible, glorioso, poderoso y espiritual. Esto debe darnos una gran esperanza cuando luchamos con nuestra pecaminosidad y la debilidad de la carne. Esforzarnos por la santidad y la pureza es maravilloso y podemos ver hacia adelante para las glorias del cielo.
 
A través del primer pecado de Adán y la muerte entró en el mundo. Él era de la tierra. A través de Jesús, el nuevo Adán, la salvación y la nueva vida han llegado. Él era del cielo.
 
Entonces, ¿qué significa esto para nosotros hoy? Esto nos da una gran esperanza de que algún día tenemos la oportunidad de vivir con Jesús para siempre en la gloria. También es un llamado a vivir una vida santa y pura, mientras estamos aquí en la tierra. Jesús nos llama a ser “perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.” Estamos llamados a llevar la imagen de Jesús mientras vivimos en la tierra. De hecho, podemos experimentar algunas de las alegrías del cielo en la tierra siguiendo muy de cerca los caminos de Jesús.
 
¿Cómo podemos llevar la imagen de Jesús en la tierra? Podemos amar no sólo a los que nos aman, sino también a nuestros enemigos. Podemos buscar la voluntad de Dios por encima de todo, incluso nuestra propia voluntad. Podemos dar nuestras vidas por los demás. Cuanto más morimos por nosotros mismos, cuanto más experimentamos la vida verdadera, incluso mientras caminamos esta tierra.
 
¿Tengo esperanza en la resurrección?
¿Cómo puedo morir hoy por mí mismo?
 
Dios te bendiga,
Padre Burke

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