Posted by: frburke23 | January 14, 2017

Thought for 2nd Sunday of Ordinary Time (January 15, 2017)

Thought for 2nd Sunday of Ordinary Time (January 15, 2017)
 
JOHN 1:29-34
John the Baptist saw Jesus coming toward him and said,
“Behold, the Lamb of God, who takes away the sin of the world.
He is the one of whom I said,
‘A man is coming after me who ranks ahead of me
because he existed before me.’
I did not know him,
but the reason why I came baptizing with water
was that he might be made known to Israel.”
John testified further, saying,
“I saw the Spirit come down like a dove from the sky
and remain upon him.
I did not know him,
but the one who sent me to baptize with water told me,
‘On whomever you see the Spirit come down and remain,
he is the one who will baptize with the Holy Spirit.’
Now I have seen and testified that he is the Son of God.”
————————————————————————–
The psalm refrain this Sunday strikes a deep chord in my heart, “Here am I, Lord; I come to do your will.” That is the essence of the Gospel and what brings meaning to each of our lives. We can try to do things our own way and deny the wonderful plan God has for us. Or we can seek God’s will and humbly follow Him wherever He leads us. In my experience, doing God’s will has brought much more meaning and fulfillment to my life than when I tried to do my own will.
 
John the Baptist was sent on a mission by God from his very conception in the womb of his mother Elizabeth. He was called to point people to Jesus. He fulfilled that mission completely, ultimately giving his very life for Jesus.
 
Many people thought John the Baptist was the Messiah. He preached powerfully and lived differently than anyone else. A large crowd began to follow him. Instead of allowing this fame to inflate his ego, John said, “I must decrease and He must increase.” And in the Gospel passage for today, when John saw Jesus coming toward him he said, “Behold, the Lamb of God, who takes away the sin of the world. He is the one of whom I said, ‘A man is coming after me who ranks ahead of me because he existed before me.” In other words, follow Him, not me.
 
The word “behold” is powerful. It means more than just look. It means to gaze upon and take in the fullness of the person. When we say these words at Mass, we are called to gaze upon the same Jesus that John pointed out, “Behold the Lamb of God, who takes away the sins of the world.”
 
Why did John call Jesus the “Lamb of God”? This had special meaning for the Jews because they sacrificed the spotless lamb on the feast of the Passover to remember God delivering them from slavery in Egypt to freedom in the Promised Land. They ate the flesh of the lamb and put the blood on their doorposts so that the angel of death would pass over their house. Jesus, of course, was sinless and was THE SPOTLESS LAMB. He would soon be sacrificed to deliver us from slavery to sin and bring us to freedom in His Kingdom. He told us, “unless you eat the flesh of the Son of Man and drink His blood, you do not have life within you.” (John 6:53) To this day, we consume His flesh and drink His blood in the Holy Eucharist.
 
I find it interesting that John says twice, “I did not know him.” We know that John leapt in the womb of his mother when Mary visited Elizabeth after conceiving Jesus in her womb. John recognized Jesus even from the womb. But as he grew older he could not recognize Jesus as clearly. But then God showed John, “On whomever you see the Spirit come down and remain, he is the one who will baptize with the Holy Spirit.” John encountered Christ and his eyes were opened and he was never the same.
 
I find this path happens in our lives as well. When we are very little we tend to be very sensitive and aware of God’s presence in our lives. I have heard amazing stories of children seeing God and talking directly to Him. However, as we get older we often lose our connection with God until we encounter Him powerfully. This may happen on a retreat, at church, during prayer or in many other ways. The key is that Jesus wants to reveal Himself to us and He wants us to be convinced of His presence in our lives.
 
Saul was one who persecuted Christians until he encountered the risen Christ on the road to Damascus. God changed his name to Paul because his life was never the same. He became one of the greatest evangelizers ever and he truly lived out the refrain, “Here am I, Lord; I come to do your will.”
 
Paul tells us that we are “called to be holy”. Every single one of us is called to be holy, to be set apart, to be a “light for the nations.” The way to do that is to seek the Lord with our whole heart, mind and soul. And when we encounter Him, like John, like Paul – our lives are never the same. “Here am I, Lord; I come to do your will.”
 
What is God’s mission for me?
Do I seek God’s will above my own?
Do I seek to grow in holiness every day of my life?
Does my life point others to Jesus like the lives of John and Paul?
 
Have a blessed weekend!
Fr. Burke
 
Spanish translation:
 
JUAN 1:29-34
En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: “Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo he dicho: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo’. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel”.
 
Entonces Juan dio este testimonio: “Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo’. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios”.
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El párrafo del salmo de este domingo golpea profundo en mi corazón, “Aquí estoy, Señor; para hacer tu voluntad”. Esa es la esencia del Evangelio y lo que trae significado a cada una de nuestras vidas. Podemos tratar de hacer las cosas a nuestro modo y negar el maravilloso plan que Dios tiene para nosotros. O podemos buscar la voluntad de Dios y humildemente seguirlo a donde quiera que Él nos conduzca. En mi experiencia, hacer la voluntad de Dios ha traído mucho más significado y cumplimiento a mi vida que cuando traté de hacer mi propia voluntad.
 
Juan el Bautista fue enviado por Dios a una misión desde su concepción misma en el vientre de su madre Isabel. Fue llamado a señalar a la gente a Jesús. Él cumplió completamente esa misión, dando finalmente su vida misma por Jesús.
 
Mucha gente pensaba que Juan el Bautista era el Mesías. Él predicó poderosamente y vivió diferente que cualquier otra persona. Una gran multitud comenzó a seguirlo. En lugar de permitir que esta fama inflara su ego, Juan dijo: “Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya”.Y en el pasaje del Evangelio de hoy, cuando Juan vio que Jesús venía hacia él, dijo: “He aquí el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo he dicho: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo”. En otras palabras, síganlo a Él, no a mí.
 
La palabra “he aquí” es poderosa. Significa algo más que solo ver. Significa contemplar y tomar la plenitud de la persona. Cuando decimos estas palabras en la Misa, estamos llamados a contemplar el mismo Jesús que Juan señaló: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.
 
¿Por qué Juan llamó a Jesús el “Cordero de Dios”? Esto tenía un significado especial para los judíos porque ellos sacrificaron el cordero inmaculado en la fiesta de la Pascua para recordar a Dios liberándolos de la esclavitud en Egipto a la libertad en la Tierra Prometida. Comieron la carne del cordero y pusieron la sangre en los postes de sus puertas para que el ángel de la muerte pasara sobre su casa. Jesús, por supuesto, era sin pecado y era EL CORDERO INMACULADO. Pronto sería sacrificado para liberarnos de la esclavitud del pecado a la libertad en Su Reino. Él nos dijo: “Si no comen la carne del Hijo del Hombre y beben Su sangre, no tienen vida en ustedes”. (Juan 6:53) Hasta este día, consumimos Su carne y bebemos Su sangre en la Santa Eucaristía.
 
Me parece interesante que Juan diga dos veces: “Yo no lo conocía”. Sabemos que Juan saltó en el vientre de su madre cuando María visitó a Isabel después de concebir a Jesús en su vientre. Juan reconoció a Jesús incluso desde el vientre. Pero a medida que crecía, no podía reconocer a Jesús tan claramente. Pero luego Dios le mostró a Juan: “Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo.” Juan se encontró con Cristo y sus ojos se abrieron y él nunca fue el mismo.
 
Creo que este camino también ocurre en nuestras vidas. Cuando somos muy pequeños, tendemos a ser muy sensibles y conscientes de la presencia de Dios en nuestras vidas. He escuchado historias maravillosas de niños que ven a Dios y hablan directamente con Él. Sin embargo, a medida que envejecemos, a menudo perdemos nuestra conexión con Dios hasta que lo encontramos con fuerza. Esto puede suceder en un retiro, en la iglesia, durante la oración o de muchas otras maneras. La clave es que Jesús quiere revelarse a nosotros y quiere que estemos convencidos de Su presencia en nuestras vidas.
 
Saúl era uno que perseguía a los cristianos hasta que encontró a Cristo resucitado camino a Damasco. Dios cambió su nombre a Pablo porque su vida nunca fue la misma. Él se convirtió en uno de los evangelizadores más grandes de todos los tiempos y vivió verdaderamente lo que dice el párrafo: “Aquí estoy, Señor; para hacer tu voluntad.”
 
Pablo nos dice que somos “llamados a ser santos”. Cada uno de nosotros es llamado a ser santo, a ser apartado, a ser una “luz para las naciones”. La forma de hacerlo es buscar al Señor con todo nuestro corazón, mente y alma. Y cuando nos encontramos con Él, como Juan, como Pablo – nuestras vidas nunca son las mismas. “Aquí estoy, Señor; para hacer tu voluntad.”
 
¿Cuál es la misión de Dios para mí?
¿Busco la voluntad de Dios más que la mía?
¿Busco crecer en santidad todos los días de mi vida?
¿Mi vida apunta a otros a Jesús como las vidas de Juan y Pablo?
 
¡Que tengas un fin de semana bendecido!
Padre Burke
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