Posted by: frburke23 | February 1, 2017

Thought for February 2, 2017 – Presentation of our Lord in the Temple

Thought for February 2, 2017 – Presentation of our Lord in the Temple
 
Luke 2:22-40
 
When the days were completed for their purification
according to the law of Moses,
Mary and Joseph took Jesus up to Jerusalem
to present him to the Lord,
just as it is written in the law of the Lord,
Every male that opens the womb shall be consecrated to the Lord,
and to offer the sacrifice of
a pair of turtledoves or two young pigeons,
in accordance with the dictate in the law of the Lord.
Now there was a man in Jerusalem whose name was Simeon.
This man was righteous and devout,
awaiting the consolation of Israel,
and the Holy Spirit was upon him.
It had been revealed to him by the Holy Spirit
that he should not see death
before he had seen the Christ of the Lord.
He came in the Spirit into the temple;
and when the parents brought in the child Jesus
to perform the custom of the law in regard to him,
he took him into his arms and blessed God, saying:
“Now, Master, you may let your servant go
in peace, according to your word,
for my eyes have seen your salvation,
which you prepared in the sight of all the peoples:
a light for revelation to the Gentiles,
and glory for your people Israel.”
The child’s father and mother were amazed at what was said about him;
and Simeon blessed them and said to Mary his mother,
“Behold, this child is destined
for the fall and rise of many in Israel,
and to be a sign that will be contradicted
and you yourself a sword will pierce
so that the thoughts of many hearts may be revealed.”
There was also a prophetess, Anna,
the daughter of Phanuel, of the tribe of Asher.
She was advanced in years,
having lived seven years with her husband after her marriage,
and then as a widow until she was eighty-four.
She never left the temple,
but worshiped night and day with fasting and prayer.
And coming forward at that very time,
she gave thanks to God and spoke about the child
to all who were awaiting the redemption of Jerusalem.
When they had fulfilled all the prescriptions
of the law of the Lord,
they returned to Galilee, to their own town of Nazareth.
The child grew and became strong, filled with wisdom;
and the favor of God was upon him.
===================
Today the Church celebrates the Presentation of our Lord in the Temple. This is a beautiful story and another epiphany moment (revelation that Jesus is the Lord). There are three parts of the story that I’d like to relate to our lives.
 
1) Joseph and Mary took Jesus to the temple because they followed closely the laws of their Jewish faith. They were dedicating their child to God the Father. They were blessed by God with this child and wanted to give God thanks and praise. We too are called to thank God for all the blessings in our lives. Like Mary and Joseph, we should dedicate our children to God the Father. We can also dedicate ourselves (mind, body, soul, gifts, talents, time) to God that we may use the gifts and talents He has given us for His greater glory.
 
2) Simeon was a holy man who had been promised by God that he would not die until he saw the Messiah. Thus, Simeon went daily to the temple with anticipation in order to see the Light for all nations. One day this promise was fulfilled. As soon as he saw this little child in Mary’s arms, Simeon was inspired by the Holy Spirit to recognize Jesus as the Messiah. May we be guided by the Holy Spirit, like Simeon, to look with anticipation for Jesus’ presence in our lives. He is present in every person we encounter. He is present in the breaking of the bread. He is present in His holy Word. Lord, give us the eyes of Simeon.
 
3) Finally, Anna was a prophetess who spent all her time in the temple in prayer and fasting. When she saw Jesus, she gave thanks and praise to God and she went and spoke about Jesus to all who would listen. Like Anna, may we too seek Jesus constantly in prayer. May we seek to live saintly lives in each moment today. May we have the missionary courage of Anna to share the Good News with all that we meet once we have encountered the risen Christ. Lord, give us the heart and missionary zeal of Anna.
 
Spend time with this story. Put yourself in the scene. Look into the eyes of the Christ child. What do you see? What do you hear? What is going on in your heart?
 
Do I seek Jesus constantly in every moment of my life?
Do I offer my children and all my gifts and talents to the Lord?
Do I try to live as a saint today?
 
Have a blessed day!
Fr. Burke
 
Spanish translation:
 
Lucas 2:22-40
 
Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.
 
Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:
 
“Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo,
según lo que me habías prometido,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
al que has preparado para bien de todos los pueblos;
luz que alumbra a las naciones
y gloria de tu pueblo, Israel”.
 
El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”.
 
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada, y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.
 
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.
======================
Hoy la Iglesia celebra la Presentación de nuestro Señor en el Templo. Esta es una hermosa historia y otro momento de epifanía (revelación de que Jesús es el Señor). Hay tres partes de la historia que me gustaría relacionar con nuestras vidas.
 
1) José y María llevaron a Jesús al templo porque siguieron de cerca las leyes de su fe judía. Ellos le estaban dedicando su hijo a Dios Padre. Fueron bendecidos por Dios con este niño y querían darle a Dios gracias y alabanza. Nosotros también estamos llamados a dar gracias a Dios por todas las bendiciones en nuestras vidas. Como María y José, debemos dedicar nuestros hijos a Dios Padre. También nosotros podemos dedicarnos (mente, cuerpo, alma, dones, talentos, tiempo) a Dios para que podamos utilizar los dones y talentos que Él nos ha dado para Su mayor gloria.
 
2) Simeón era un hombre santo que le había sido prometido por Dios que no moriría hasta que viera al Mesías. Así que Simeón fue diariamente con anticipación al templo con el fin de ver la Luz para todas las naciones. Un día, esta promesa se cumplió. En cuanto vio a este niño en los brazos de María, Simeón fue inspirado por el Espíritu Santo para reconocer a Jesús como el Mesías. Que seamos guiados por el Espíritu Santo, como Simeón, para ver con anticipación la presencia de Jesús en nuestras vidas. Él está presente en cada persona que encontramos. Él está presente en la fracción del pan. Él está presente en Su Santa Palabra. Señor, danos los ojos de Simeón.
 
3) Por último, Ana era una profetisa que pasó todo su tiempo en el templo en oración y ayuno. Cuando vio a Jesús, dio gracias y alabanza a Dios, fue y habló con todos los que quisieran escuchar acerca de Jesús. Al igual que Ana, que podamos también buscar a Jesús constantemente en la oración. Que podamos buscar vivir vidas santas en cada momento hoy. Que tengamos el valor misionero de Ana para compartir la Buena Nueva con todos los que nos encontramos una vez que hayamos encontrado al Cristo resucitado. Señor, danos el corazón y el celo misionero de Ana.
 
Pasa tiempo con esta historia. Ponte en la escena. Mira a los ojos del niño Cristo. ¿Qué ves? ¿Qué escuchas? ¿Qué está pasando en tu corazón?
 
¿Busco a Jesús constantemente en cada momento de mi vida?
¿Le ofrezco mis hijos y todos mis dones y talentos al Señor?
¿Trato de vivir hoy como un santo?
 
¡Que tengas un día bendecido!
Padre Burke
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