Posted by: frburke23 | February 4, 2017

Thought for 5th Sunday in Ordinary Time (February 5, 2017)

Thought for 5th Sunday in Ordinary Time (February 5, 2017)
 
Matthew 5:13-16
 
Jesus said to his disciples:
“You are the salt of the earth.
But if salt loses its taste, with what can it be seasoned?
It is no longer good for anything
but to be thrown out and trampled underfoot.
You are the light of the world.
A city set on a mountain cannot be hidden.
Nor do they light a lamp and then put it under a bushel basket;
it is set on a lampstand,
where it gives light to all in the house.
Just so, your light must shine before others,
that they may see your good deeds
and glorify your heavenly Father.”
========================
In the Gospel reading for this weekend, Jesus uses three images for us to contemplate – salt, light and a city set on a mountain. We are called to be each one of these to the world. Let’s take a look at each symbol.
 
Jesus says, “You are the salt of the earth.” However, when salt loses its flavor, it is good for nothing and is thrown out. I remember as a young boy visiting my maternal grandparents on their farm in southern Illinois. My grandfather would cure his own ham with salt and hang it in the smoke house. That was some of the best ham I have ever eaten. Salt preserved the flavor and enhanced it. That is our role as Christians in the world. We are to preserve the teachings of Christ and make them come alive ever anew in our world today. Each of us in our own way with our own gifts and talents is called to enrich our culture with the living Word of God. If we do not, we are good for nothing and will be thrown out.
 
Jesus also says, “You are the light of the world.” I thought that only Jesus was the light of the world, not me. Our light must shine and not be hidden. How do we become light? I believe that the more time we spend with the Lord in prayer and learning about Him in Scripture and spiritual reading, we begin to reflect the light of Christ in the world. Moses’s face was brilliant after being in the presence of God. Saints also have brilliantly shone the presence of God because of time dedicated in prayer. When the Holy Spirit comes alive in us through prayer and study, the light of Christ is visible for all to see. As Christians, we are called to let this light shine and not hide it. We are a big group and the evil one wants us to stay hidden so that our voice is not heard and Jesus’ light is not seen. “Your light must shine before others….”
 
Finally, “a city set on a mountain cannot be hidden.” I remember the first time I had the privilege to visit Assisi, the home of St. Francis, I was struck by this city built on the side of a mountain. You cannot miss the city. Before GPS and MapQuest, people would navigate their way by referencing these cities built on mountains. They were guideposts. In the same way, you and I are called to be guideposts for everyone around us. If we are Christians, the way that we live should be a guiding light for all. I remember in college, the Catholics had the worst reputation of partying on the weekends and dragging themselves to Mass on Sunday. The way they lived Friday and Saturday night were not good examples. People watch what we do and if we claim to be Christians, we must act like it, so “that they may see your good deeds and glorify your heavenly Father.”
 
As salt, how do I preserve and enhance the flavor of Jesus in the world today?
Does the light of Christ shine in and through me as His faithful disciple?
Do I set a good example for others to follow as a city set on a mountain?
 
Have a blessed day!
Fr. Burke
 
Spanish translation:
 
Mateo 5:13-16
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.
 
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.
 
Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos”.
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En la lectura del Evangelio de este fin de semana, Jesús utiliza tres imágenes para que contemplemos: la sal, la luz y una ciudad situada en una montaña. Estamos llamados a ser cada uno de ellos para el mundo. Veamos a cada símbolo.
 
Jesús dice: “Ustedes son la sal de la tierra”. Sin embargo, cuando la sal pierde su sabor, no sirve para nada y es desechada. Recuerdo cuando era un joven que visitaba a mis abuelos maternos en su granja en el sur de Illinois. Mi abuelo curaba su propio jamón con sal y lo colgaba en la casa de humo. Ese era uno de los mejores jamones que jamás comí. La sal preservó el sabor y lo mejoró. Ese es nuestro rol como cristianos en el mundo. Debemos preservar las enseñanzas de Cristo y revivirlas de nuevo en nuestro mundo de hoy. Cada uno de nosotros, a nuestra manera, con nuestros propios dones y talentos, está llamado a enriquecer nuestra cultura con la Palabra viva de Dios. Si no lo hacemos, no seremos buenos para nada y seremos desechados.
 
Jesús también dice: “Ustedes son la luz del mundo”. Pensé que sólo Jesús era la luz del mundo, no yo. Nuestra luz debe brillar y no ser escondida. ¿Cómo nos convertimos en la luz? Creo que cuanto más tiempo pasamos con el Señor en la oración aprendiendo acerca de Él en la Escritura y la lectura espiritual, empezamos a reflejar la luz de Cristo en el mundo. El rostro de Moisés fue brillante después de estar en la presencia de Dios. Los santos también brillaron la presencia de Dios debido al tiempo dedicado en la oración. Cuando el Espíritu Santo cobra vida en nosotros a través de la oración y el estudio, la luz de Cristo es visible para que todos la vean. Como Cristianos, somos llamados a dejar que esta luz brille y no se esconda. Somos un gran grupo y el maligno quiere que permanezcamos ocultos para que nuestra voz no sea escuchada y la luz de Jesús no se vea. “Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres…”.
 
Por último, “No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte”. Recuerdo la primera vez que tuve el privilegio de visitar Asís, la casa de San Francisco. Me sorprendió esta ciudad construida al lado de la montaña. No puedes perder de vista la ciudad. Antes del GPS y MapQuest, la gente navegaba su camino tomando como referencia a estas ciudades construidas en las montañas. Eran guías. De la misma manera, tú y yo estamos llamados a ser guías para todos los que nos rodean. Si somos cristianos, de la forma en que vivimos debe ser una luz de guía para todos. Recuerdo que, en la universidad, los católicos tenían la peor reputación de salir de fiesta los fines de semana y arrastrarse a la misa el domingo. La forma en que vivían el viernes y el sábado por la noche no eran buenos ejemplos. La gente observa lo que hacemos y si afirmamos ser cristianos, debemos actuar de la misma manera, “para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos”.
 
Como sal, ¿cómo puedo preservar y mejorar el sabor de Jesús en el mundo de hoy?
¿La luz de Cristo brilla en y través de mí como Su fiel discípulo?
¿Pongo un buen ejemplo para que otros lo sigan como una ciudad situada en una montaña?
 
¡Que tengan un día bendecido!
Padre Burke
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