Posted by: frburke23 | April 19, 2017

Thought for Easter Thursday (April 20, 2017)

Thought for Easter Thursday (April 20, 2017)
 
LUKE 24:35-48
The disciples of Jesus recounted what had taken place along the way,
and how they had come to recognize him in the breaking of bread.
 
While they were still speaking about this,
he stood in their midst and said to them,
“Peace be with you.”
But they were startled and terrified
and thought that they were seeing a ghost.
Then he said to them, “Why are you troubled?
And why do questions arise in your hearts?
Look at my hands and my feet, that it is I myself.
Touch me and see, because a ghost does not have flesh and bones
as you can see I have.”
And as he said this,
he showed them his hands and his feet.
While they were still incredulous for joy and were amazed,
he asked them, “Have you anything here to eat?”
They gave him a piece of baked fish;
he took it and ate it in front of them.
 
He said to them,
“These are my words that I spoke to you while I was still with you,
that everything written about me in the law of Moses
and in the prophets and psalms must be fulfilled.”
Then he opened their minds to understand the Scriptures.
And he said to them,
“Thus it is written that the Christ would suffer
and rise from the dead on the third day
and that repentance, for the forgiveness of sins,
would be preached in his name
to all the nations, beginning from Jerusalem.
You are witnesses of these things.”
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Today’s reading begins right after the story of Jesus meeting the disciples on the road to Emmaus. They recognize Him in the breaking of the bread and their hearts were burning as He explained the Scriptures to them. They returned to the other disciples full of joy to share what they had experienced. While they were speaking about Jesus’s appearance to them, Jesus once again appears in their midst and says, “Peace be with you.” (“Shalom aleichem” in Hebrew.)
 
Amazingly they were surprised again. Even though a few people had already seen Jesus alive and well, they were “startled and terrified and thought that they were seeing a ghost.” It is hard to say how we would have reacted in that situation. It was just so difficult for them to grasp the fact that Jesus was truly alive. Jesus must have been thinking, “What do I have to do to make you believe?” He asks them, “Why are you troubled? And why do questions arise in your hearts?”
 
Jesus then tries to give them proof that He has risen from the dead, body and soul. He shows them His hands, His feet and He asks for something to eat. This is something that is in our creed – “We believe in the resurrection of the body and life everlasting.” It is hard for us to imagine what Jesus’s resurrected body was like, because many of His followers did not recognize Him at first. However, Jesus had them touch His wounds. He ate with them to show that He was not a ghost. For more information regarding the resurrection of the body, read the Catechism of the Catholic Church paragraphs #992-1004.
 
Jesus eats some fish and then begins to explain the Scriptures. He reminds them of His teachings and how He was the fulfillment of all the Old Testament prophesies. He suffered, died and rose on the third day for the forgiveness of sins. This message was to be preached in Jerusalem and then to all nations.
 
Fellow Christians, that is our commission as well. We are to be the ones to share this Good News in our own environments – family, friends, work, school, etc. We are to be witnesses to the world of all the good that God has done in our lives. If I do not have anything to share, the Lord invites us into a deeper relationship with Him. Witnessing to our faith can be done in simple ways – sharing these reflections with someone, sharing a good book, CD or DVD, speaking about the peace and joy Jesus has given you, etc. Our testimony can move the hearts of others. There are many ways to share the Gospel.
 
Has my heart burned within me as I read the Scriptures?
Have I experienced the joy of the Risen Lord in my heart?
Am I convinced of this truth of our faith – Jesus suffered, died and rose on the third day?
Do I share this joy with others?
 
Have a blessed day!
Fr. Burke
 
Spanish translation:
 
LUCAS 24:35-48
Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
 
Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero él les dijo: “No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona, tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo”. Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: “¿Tienen aquí algo de comer?” Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos.
 
Después les dijo: “Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”.
 
Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto”.
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La lectura de hoy comienza justo después de la historia de Jesús reuniéndose con los discípulos en el camino a Emaús. Ellos lo reconocieron en la fracción del pan y sus corazones ardían cuando Él les explicó las Escrituras. Regresaron a los otros discípulos llenos de alegría para compartir lo que habían experimentado. Mientras hablaban de la aparición de Jesús hacía ellos, Jesús aparece una vez más en medio de ellos y dice: “La paz esté con ustedes”. (“Shalom aleichem” en hebreo).
 
Increíblemente se sorprendieron de nuevo. Aunque algunas personas ya habían visto a Jesús vivo y bien, estaban “desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma”. Es difícil decir cómo habríamos reaccionado en esa situación. Era tan difícil para ellos comprender el hecho de que Jesús estaba verdaderamente vivo. Jesús debió haber estado pensando, “¿Qué tengo que hacer para hacerte creer?” Él les pregunta: “¿Por qué se espantan? ¿Y por qué surgen dudas en su interior?
 
Jesús entonces intenta demostrarles que Él ha resucitado de entre los muertos, cuerpo y alma. Él les muestra Sus manos, Sus pies y pide algo para comer. Esto es algo que está en nuestro credo: “Creemos en la resurrección del cuerpo y en la vida eterna”. Es difícil para nosotros imaginar cómo era el cuerpo resucitado de Jesús, porque muchos de Sus seguidores no lo reconocieron al principio. Sin embargo, Jesús les hizo tocar Sus heridas. Comió con ellos para mostrar que no era un fantasma. Para más información acerca de la resurrección del cuerpo, lee el Catecismo de la Iglesia Católica párrafos # 992-1004.
 
Jesús come algunos peces y luego comienza a explicar las Escrituras. Les recuerda Sus enseñanzas y cómo Él fue el cumplimiento de todas las profecías del Antiguo Testamento. Él sufrió, murió y resucitó al tercer día para el perdón de los pecados. Este mensaje debía predicarse en Jerusalén y luego en todas las naciones.
 
Compañeros cristianos, esa también es nuestra comisión. Debemos ser los que comparten esta Buena Nueva en nuestros propios ambientes – familia, amigos, trabajo, escuela, etc. Debemos ser testigos del mundo de todo lo bueno que Dios ha hecho en nuestras vidas. Si no tengo nada que compartir, el Señor nos invita a una relación más profunda con Él. Testificar de nuestra fe se puede hacer de maneras sencillas: compartiendo estas reflexiones con alguien, compartiendo un buen libro, CD o DVD, hablando sobre la paz y la alegría que Jesús te ha dado, etc. Nuestro testimonio puede mover el corazón de los demás. Hay muchas maneras de compartir el Evangelio.
 
¿Ha ardido mi corazón al leer las Escrituras?
¿He experimentado la alegría del Señor Resucitado en mi corazón?
¿Estoy convencido de esta verdad de nuestra fe – Jesús sufrió, murió y resucitó al tercer día?
¿Comparto esta alegría con los demás?
 
¡Que tengas un día bendecido!
Padre Burke
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