Posted by: frburke23 | June 13, 2018

Thursday of the 10th Week of Ordinary Time (June 14, 2018)

Thursday of the 10th Week of Ordinary Time (June 14, 2018)
 
Matthew 5:20-26
 
Jesus said to his disciples:
“I tell you, unless your righteousness surpasses that
of the scribes and Pharisees,
you will not enter into the Kingdom of heaven.
 
“You have heard that it was said to your ancestors,
You shall not kill; and whoever kills will be liable to judgment.
But I say to you, whoever is angry with his brother
will be liable to judgment,
and whoever says to his brother,
Raqa, will be answerable to the Sanhedrin,
and whoever says, ‘You fool,’ will be liable to fiery Gehenna.
Therefore, if you bring your gift to the altar,
and there recall that your brother
has anything against you,
leave your gift there at the altar,
go first and be reconciled with your brother,
and then come and offer your gift.
Settle with your opponent quickly while on the way to court with him.
Otherwise your opponent will hand you over to the judge,
and the judge will hand you over to the guard,
and you will be thrown into prison.
Amen, I say to you,
you will not be released until you have paid the last penny.”
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Scripture challenge –Exodus, chapters 23-25.
 
Today Jesus teaches us how serious sin is and how important reconciliation should be in our lives. Jesus did not come to abolish the commandments, but to fulfill them. Being a follower of Jesus is not just about following some rules; it is about having a living relationship with a God who loves us intimately. Developing a relationship with the Holy Trinity and becoming more like Jesus through the power of the Holy Spirit leads to holiness.
 
Some of us have taken a minimalist approach to our spiritual lives. We have lost the idea that sin separates us from God and from one another. Sin is very real in each of our lives. Therefore, we need a savior, someone to pay the price for our sins. Jesus, suffered and died for our sins to pay the price for us on the cross. He redeemed us so that we can live with Him forever if we commit our lives to Him. Some people say, “At least I haven’t killed anyone.” We think we are righteous in God’s eyes even though we may be living in serious sin. Jesus raises the bar today.
 
The 5th Commandment says, “Thou shall not kill.” But Jesus tells us that we should not even get angry with our brother/sister or we are liable to judgment. Anger is one of the passions and is not sinful until we engage our intellect and/or will. Usually sinful anger seeks revenge against someone. Righteous anger, on the other hand, is not sinful because it fights against an injustice, like Jesus driving out the money changers from the Temple. In my experience, sinful anger is usually the result of an unhealed wound.
 
To heal our wounds, we must get to the root or the cause. For example, if your yard is full of weeds and all you do is cut the top of the weeds off, what will happen? The weeds will be just as tall or taller the next day. We need to get something that will kill the weed at its roots. The same is true in the spiritual life. We can confess the same sins on a regular basis and they will continue to haunt us throughout our lives. However, if we get to the root of the sin, ask God for forgiveness, and ask for God’s grace to heal us in the deepest level of our soul, then we will see progress in our search for wholeness and holiness.
 
Forgiveness is one of the best ways to heal a wound. That is why Jesus tells us that if we have sinned against someone as we approach the altar, we should first go reconcile with that person, and then return. Sin affects relationships and hurts the Body of Christ. That is why we should receive Communion in the state of grace, because receiving the Eucharist is affirming our unity with the Lord and His people.
 
Jesus mentions at the end of this reading how seriously He takes sin. If we do not reconcile, He says we will be “thrown into prison. Amen, I say to you, you will not be released until you have paid the last penny.”
 
Please do not take sin lightly. Make the change today that is needed in your life. As I have mentioned, when we make virtuous decisions and choose God, we will find joy. When we sin, we choose misery. Choose joy! Choose God! Allow His grace to heal you.
 
Do you see how sin damages your relationship with God and neighbor?
What is at the root of any habitual sins in your life?
Who do you need to forgive or ask for forgiveness?
God bless,
Fr. Burke
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Jueves de la 10ma Semana del Tiempo Ordinario (14 de junio de 2018)
 
Mateo 5:20-26
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que, si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.
 
Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.
 
Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda.
 
Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo”.
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Desafío de la Escritura –Éxodo, capítulos 23-25.
Hoy Jesús nos enseña cuán grave es el pecado y cuán importante debe ser la reconciliación en nuestras vidas. Jesús no vino para abolir los mandamientos, sino para cumplirlos. Ser un seguidor de Jesús no se trata solo de seguir algunas reglas; se trata de tener una relación viva con un Dios que nos ama íntimamente. Desarrollar una relación con la Santísima Trinidad y llegar a ser más como Jesús a través del poder del Espíritu Santo conduce a la santidad.
Algunos de nosotros hemos adoptado un enfoque minimalista de nuestras vidas espirituales. Hemos perdido la idea de que el pecado nos separa de Dios y de los demás. El pecado es muy real en cada una de nuestras vidas. Por lo tanto, necesitamos un salvador, alguien que pague el precio de nuestros pecados. Jesús, sufrió y murió por nuestros pecados para pagar el precio por nosotros en la cruz. Él nos redimió para que podamos vivir con Él para siempre si comprometemos nuestras vidas con él. Algunas personas dicen: “Por lo menos no he matado a nadie.” Creemos que somos justos a los ojos de Dios aunque podamos estar viviendo en un pecado grave. Hoy Jesús sube la escala.
 
El quinto mandamiento dice: “No matarás”. Pero Jesús nos dice que ni siquiera deberíamos enojarnos con nuestro/a hermano/a o que estaremos sujetos a juicio. La ira es una de las pasiones y no es pecaminosa hasta que empleamos nuestro intelecto y / o voluntad. Por lo general, la ira pecaminosa busca la venganza contra alguien. La ira justa, por otro lado, no es pecaminosa porque lucha contra una injusticia, como Jesús expulsando a los cambistas del Templo. En mi experiencia, la ira pecaminosa suele ser el resultado de una herida no cicatrizada.
Para sanar nuestras heridas, debemos llegar a la raíz o la causa. Por ejemplo, si tu yarda está llena de maleza y todo lo que haces es cortar la parte superior de la maleza, ¿qué pasará? La maleza solo será tan alta o más alta al día siguiente. Lo que tenemos que hacer es conseguir algo que mate a la maleza desde sus raíces. Lo mismo pasa en la vida espiritual. Podemos confesar los mismos pecados superficiales regularmente y continuaran persiguiéndonos a lo largo de nuestras vidas. Sin embargo, si llegamos a la raíz del pecado, pídele a Dios perdón, y pide que la gracia de Dios nos sane en el nivel más profundo de nuestra alma, entonces veremos progreso en nuestra búsqueda por la integridad y la santidad. He encontrado que muchos de nuestros pecados son el resultado de una herida sin sanar de nuestro pasado.
El perdón es una de las mejores formas de sanar una herida. Es por eso que Jesús nos dice que si hemos pecado contra alguien mientras nos acercamos al altar, primero debemos reconciliarnos con esa persona y luego regresar. El pecado afecta las relaciones y lastima el Cuerpo de Cristo. Es por eso que debemos recibir la Comunión en estado de gracia, porque recibir la Eucaristía es afirmar nuestra unidad con el Señor y Su pueblo.
 
Jesús menciona al final de esta lectura que tan seriamente Él toma el pecado. Él nos dice que nos reconciliemos antes de llegar al altar. Y si no nos reconciliamos, Él dice que seremos “metidos a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo”.
 
Por favor, no tomes el pecado a la ligera. Haz el cambio que se necesita hoy en tu vida. Como lo he mencionado, cuando tomamos decisiones virtuosas y elegimos a Dios, encontraremos alegría. Cuando pecamos, elegimos la miseria. ¡Elige la alegría! ¡Elige a Dios! Deja que Su gracia te sane.
¿Ves cómo el pecado daña tu relación con Dios y el prójimo?
¿Qué está en la raíz de cualquier pecado habitual en tu vida?
¿A quién necesitas perdonar o pedir perdón?
Dios te bendiga,
Padre Burke
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